Sin soledad en la luneta (+ trailer)

Reportaje

Pavel Giroud sabe lo que quiere. Así lo dejó bien claro en conferencia de prensa parte del staff de El acompañante, película que este miércoles tiene su premier en Cuba. Gran acogida por el mundo ha tenido el candidato de la Isla a los premios Oscar, Goya, César y Ariel, esta dos últimas propuestas anunciadas en el encuentro con los periodistas.

Por cuestiones de trabajo, el director del largometraje no pudo venir a La Habana para su premier y estreno. No obstante, varios miembros del staff compartieron sus experiencias en el rodaje de la que fuera catalogada por David Opie en el portal Flickering Myth como “una clase magistral de equilibrio fílmico”.

“¿Quién ha visto la película?.... A ver, ¿qué piensan de ella?”. Sin rodeos se dirigió a la audiencia el cantante y coprotagonista del filme, Yotuel Romero. El “orisha” aseguró que fue un placer formar parte del elenco, y agradeció la acogida que le dieron a pesar de su inexperiencia en las lides cinematográficas.

“Trabajamos en equipo. De hecho, el éxito de El acompañante es resultado del compromiso que tuvimos todos. Además, nos divertimos. Respiramos armonía”, comentó el músico, quien está dispuesto a incursionar nuevamente en el séptimo arte siempre y cuando sea un proyecto que lo motive.

En la película, Yotuel interpreta a Horacio Romero, el más grande boxeador cubano del momento, quien acaba de dar positivo en una prueba antidoping. Su castigo está en Los Cocos, un sanatorio en el que ingresan los enfermos de VIH de manera obligatoria y de donde pueden salir solo una vez por semana vigilados por los “acompañantes”. Horacio será uno de ellos y de él dependerán las pequeñas libertades de Daniel, el paciente más conflictivo.

En conversación con Cubacine durante el pasado Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, el director del filme explicó que estuvo mucho tiempo buscando a Horacio, porque aquellos candidatos que lo convencían físicamente, no lo hacían de forma histriónica, y viceversa. Sin embargo, desde que vio a Yotuel las dudas desaparecieron. Según el cantante-actor, los orishas y Dios le pusieron el personaje en el camino.

Yotuel hubo de someterse a un fuerte entrenamiento y cambiar su apariencia física para encarnar al otro Romero, al gran boxeador. También, por petición del director, tuvo que hablar con un tono de voz más bajo que el suyo y cambiar su manera de caminar. Y debió aprender sobre el VIH, adentrarse en el mundo de quienes lo padecen e intentar comprenderlo. Sin embargo, el resultado de tales “tareas” hoy día lo satisface sobremanera.

“Desde que leí el guion me dije: ‘Yo quiero ser este tipo’. Siempre tuve a un boxeador escondido. De mi entrenador –el campeón olímpico Héctor Vinent- intenté absorber su personalidad, emular su forma de hablar, de articular… Vi que tenía cualidades que me servían para nutrir el personaje. Yotuel es totalmente diferente a Horacio. Necesitaba, por tanto, verlo en alguien. Comencé, entonces, a conversar con él, y me di cuenta, por ejemplo, de que era un hombre de pocas palabras. Todo eso lo utilicé para lograr la metamorfosis. Quería parecer un verdadero boxeador”.

Para el otro protagonista del filme, Armando Miguel Gómez, el proceso tampoco fue fácil. De hecho, el joven actor asegura que hasta el momento Daniel ha sido su personaje más complejo. Para darle vida también sufrió transformaciones físicas –hubo de perder peso-, y debió desarrollar aún más las sensibilidades propias del ser humano. 

“Casi siempre, tanto en cine como en televisión, los directores te llaman para que interpretes personajes con físicos semejantes al tuyo. Creo deberían hacer más lo contrario. Yo pesaba 85 kilos cuando Pavel me llamó. Pocos realizadores toman esos riesgos. Le agradeceré eternamente que lo haya hecho conmigo”, confesó.

Mandy, como lo nombra todo el staff, se enamoró de Daniel Guerrero. Aunque su complejidad supuso cierta guerra.

“Siempre, de alguna manera, las personas estamos luchando. Cuando leímos el guion por primera vez, increíblemente, todos tuvimos la sensanción de haber pasado de algún modo por situaciones similiares. Es una historia muy humana, que habla de la amistad y el amor. Tratamos de respetar su sensibilidad todo el tiempo, sobre todo por aquellos que han padecido la enfermedad”, apuntó.

Otro de los actores que conversó con la prensa fue Michel Pentón, quien interpreta a uno de los pacientes del sanatorio. “Pavel buscaba a alguien para un personaje de un loco y, dice él, que lo vio en mí. Es mi primera vez en el cine. Antes de saber sobre qué trataba la historia, él me dijo algo que me enamoró: ‘Como no vas a hablar en toda la película, parece sencillo lo que vas a hacer, pero no lo es’. Me pidió, además, que cuando tuviera una idea se la hiciera saber, a cualquier hora. Le enviaba mensajes de madrugada. Creamos una especie de cofradía”.

“De hecho –agregó el actor-, aunque no tuviésemos llamados, íbamos al set a apoyarnos unos a otros. Hablábamos y nos entendíamos, y creo que eso lo hemos trasmitido al público”.

Pero no solo el director de El acompañante sabía con certeza la manera en que debían conducirse, hablar y lucir los actores. La fotografía también la dibujó desde el principio. En las manos de Ernesto Calzado estuvo hacer realidad los deseos de Giroud.

“Al inicio, la dirección de fotografía estaba a cargo de Luis Najmías, pero no pudo continuar por razones personales y asumí el trabajo. La historia se desarrolla en los 80 del pasado siglo. Es una época que se me hace bastante común. Era adolescente, por tanto, recuerdo claramente las características propias de la luz, los locales… Esta memoria visual fue muy valiosa. Asimismo, me ayudaron las ideas que había aportado Najmías y algunos referentes que me dio Pavel de filmes, sobre todo de la Europa socialista y con temáticas deportivas”, explicó Calzado.

Según el especialista, por tratarse de una producción independiente no contaron con todo el soporte tecnológico deseado. Tal situación los obligó a ser precisos tanto a la hora de elegir el equipamiento, como en el momento de confeccionar los planos. Por suerte, “Pavel tenía la película cortada en su mente”.

Del extenso trabajo de investigación que hizo el director conversó la productora Lía Rodríguez. “Lo más interesante fue reflexionar, tanto tiempo después de la aparición de la epidemia del sida, sobre cómo las sociedades reaccionan ante lo inesperado, ante lo terrible y temeroso. Tales reacciones no ocurrieron solo en Cuba, en otros lugares también se tomaron medidas ante el pánico por la expansión del virus”.

Como “preciosista” calificó a Giroud la diseñadora de vestuario Celia Ledón. “Él mismo ha hecho dirección de arte. Realmente fue muy exigente en cuanto a la visualidad. Era una película que abarcaba distintos frentes en lo que a vesturario se refiere. Por ejemplo, tenía uniformes deportivos, de hospital… Debía generar, además, una especificidad para cada personaje. Se trataba de lograr que no parecieran disfrazados. Para ello fueron esenciales también el maquillaje y la imaginería gráfica”.

A pesar de este preciosismo, el propio Pavel Giroud explicó en aquella entrevista del pasado diciembre que su voluntad fue distinguir esta película de sus anteriores obras. Se empeñó en hacerla más “libre”. Esperemos, pues, que al público cubano llegue esa libertad de concepto y forma; esa libertad de pensamiento y creación; esa libertad de poder amar y ayudar a quienes queramos sin importar las consecuencias. O ¿no son acaso tales libertades las únicas que nos acompañan siempre?

(7/ 09/ 2016)