Carteles cubanos, asombro en Pasadena

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La exposición de carteles cubanos de cine, que se exhibe desde agosto en la ciudad californiana de Pasadena, echó por tierra prejuicios acerca de la realidad cultural de la isla antillana.

No pocos de los visitantes que han apreciado en el museo local la muestra De Hollywood a La Habana: cinco décadas de carteles cubanos promoviendo filmes de Estados Unidos, manifestaron su asombro ante un despliegue gráfico que da cuenta acerca de cómo el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) no solo programó sino destacó publicitariamente producciones norteamericanas en épocas de graves tensiones políticas entre los dos países, como la que ahora estimula de nuevo la administración Trump.

Acostumbrados a pensar en una isla aislada y en los tópicos del llamado realismo socialista en la antigua versión soviética y del Este europeo, esos espectadores hallaron una sorprendente vitalidad creativa en la obra de los diseñadores cubanos.

Directora ejecutiva del Centro de Estudios de la Gráfica Política, y a cargo de la exposición, Carol Wells explicó que el público debe saber cómo después del triunfo revolucionario se diversificó en las salas la procedencia de las películas, pero se continuó exhibiendo cine estadounidense.

“Me emocionó mucho –declaró– la cantidad de carteles cubanos sobre obras de mi país, lo cual rompe estereotipos. Pregunté a cineastas y amigos cubanos cómo funcionó eso pese al embargo (bloqueo) y siempre respondieron: todo es posible en la Revolución”.

En el catálogo que acompaña la exhibición en el Museo se lee “La Revolución cubana de 1959 no solo cambió la política, la sociedad y la economía, sino también la esfera cultural, al propiciar un mayor acceso a esta y establecer un compromiso con el arte, especialmente con el cine”.

Cuarenta carteles integran la muestra y en ella figuran nombres icónicos del diseño gráfico como Eduardo Muñoz Bachs, Antonio Fernández Reboiro, Ñiko, Rafael Morante y René Azcuy, sin dejar a un lado a jóvenes artistas que siguieron la saga de los maestros.

En tal sentido la reseña desplegada por la revista Vanity Fair, presentó como atractivo visual una obra de la diseñadora Giselle Monzón, realizada en el 2009, fecha que cierra cronológicamente la selección de carteles, sobre la película La soga, de Alfred Hitchcock.

Alex Suskind, al comentar la exposición en ese medio, se detuvo en el caso de Moby Dick, de John Huston. Señaló cómo mientras en el cartel que promovió el estreno en Estados Unidos el rostro de Gregory Peck ocupaba un primer plano, el cubano, debido a Reboiro, optó por una construcción pop, de inspiración sicodélica.

Al respecto, Carol Wells apuntó: “El ICAIC valoró la experimentación y ese ethos lo impregnó al cartel. En casi todo el mundo, con excepción de Polonia y en mi país un creador como Saul Bass, se coloca a los actores y actrices en el foco del afiche. Es la estrella de cine y el caballo, si se trata de una película de vaqueros, o es la estrella de cine y un arma, ya sea una fotografía o una imagen pintada, a semejanza del protagonista. Pero los cubanos no hicieron eso en absoluto. Para ellos lo importante era el tema de la película, y más aún, educar visualmente al espectador”.

Al crítico Siran Babayan, del semanario LA Weekly, le interesó la apropiación estética de recursos de la abstracción, el pop y el art nouveau por parte de los artistas de la Isla.

Tomado de: Granma.