En busca de las sombras

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El más reciente filme del director cubano Gerardo Chijona, Los buenos demonios, tuvo su premier este miércoles a las 8:30 p.m. en el cine Chaplin, y a partir del 1ro de febrero se estrena en las salas oscuras de todo el país.

En conferencia de prensa este martes integrantes de los equipos artístico y técnico del filme compartieron con periodistas, críticos y demás público sus experiencias en la realización del largometraje, producido por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), Wanda Visión e Ibermedia.

“Este fue un proyecto inconcluso de Daniel Díaz Torres y por cosas de la vida cayó en mis manos. Al principio me sentí como un intruso, pero Alejandro Hernández, coguionista del filme, y yo pensamos que le debíamos a Daniel la realización de esta película”, explicó Chijona.

El cineasta respetó el guion que está basado en la novela Algún demonio, de Alejandro Hernández. “Solo hice pequeños cambios. Como conocía a Daniel desde que éramos jóvenes sabía cuáles eran sus gustos y su mirada en el cine. Esta película es muy fiel a la que él tenía en su cabeza”, señaló.

La figura central del largometraje es Tito, joven de 23 años y taxista por cuenta propia. Para su madre y vecinos es el muchacho “perfecto”, educado, cortés, de buen corazón… Sin embargo, detrás de esa fachada hay un hombre con una visión pragmática de la vida, que lo impulsa a cometer asesinatos.

Importantes actores y actrices cubanos dieron vida a este drama salpicado de comedia, entre ellos, Carlos Enrique Almirante, Isabel Santos, Vladimir Cruz, Yailene Sierra, Enrique Molina y Aramís Delgado.

“Por lo general, soy obsesivo con los ensayos, sin embargo, esta vez aprendí lo que más trabajo le cuesta a un director: saber callarse la boca y escuchar a los actores”, acotó Chijona.

De “fly”, como él mismo aseguró, llegó Almirante al papel protagónico, pues en un principio el director solo le tenía destinada una pequeña aparición. Sería más tarde cuando le propondría interpretar a Tito, el buen demonio.

“Siempre he querido hacer personajes diferentes, pero este fue muy difícil. Leí mucho, vi documentales… La verdad es que no sabía bien por dónde llevarlo. Quería mostrar de alguna manera el mundo que llevaba dentro, pero Chijona no me dejó. Y realmente no hacer fue el camino correcto”, afirmó Almirante.

Isabel Santos encarnó a la madre dedicada y amorosa, sobre cuyos hombros colocó Chijona la escena final. “En ella Paquita establece una especie de diálogo con el público a través de la cámara. Es como si le preguntara qué hacer, qué decisión tomar. De hecho, no acostumbro a permitir que todo el equipo esté detrás de las cámaras mientras actúo, y esta vez me obligué a hacerlo porque era el público que necesitaba en ese momento”, confesó la actriz.

Una de las escenas más impactantes del largo es el acalorado diálogo entre Paquita y Sara, personaje interpretado por Yailene Sierra que mantiene una relación amorosa con Tito. Según Santos, ambas trataron de sorprenderse la una a la otra, y realmente lo lograron.

“Trabajar con Isabel fue un gran placer y orgullo para mí. He crecido queriendo ser como ella. Por suerte, aunque no está presente en el guion de la película, entre nuestros personajes hay una relación muy fuerte”, apuntó Sierra.

Para Enrique Molina, ver la película es recordar a Daniel Díaz Torres. “Revivo aquel momento en que fui a verlo y me habló con mucho entusiasmo de la historia. La buena acogida que tuvo el filme en el pasado festival de cine de La Habana es el premio que él merece. Le doy gracias a Chijona por respertar sus deseos de que yo participara”.

La dirección de producción de Los buenos demonios estuvo en manos de Daniel Díaz Ravelo y Miguel Morales. Aunque al inicio para Díaz Ravelo fue difícil involucrarse en la obra inconclusa de su padre, paulatinamente reconoció la importancia de hacerlo realidad. “Recuerdo a mi padre inmerso en el proyecto. Él leyó la novela y pensó enseguida en la película. Estoy muy contento con el resultado”, aseguró.

El Premio Nacional de Cine Raúl Pérez Ureta fue el encargado de la fotografía del filme. Según el maestro, solo siguió las indicaciones del director, quien no coincidió con Daniel en esta parte de la historia. “Él quería que fuera más oscura”, explicó Chijona. “Sin embargo, junto a Alejandro (coguionista) decidí buscar las sombras de los seres humanos y no del entorno. Por eso le pedí a Raúl una Habana luminosa”.