¿La persistencia de los géneros?

Reportaje

Dos conversaciones recientes, en días y con personas diferentes, sobre la 17 Muestra Joven ICAIC, tiraron por el piso aquello de que “las casualidades no existen”, ¿o sí? Lo cierto es que para Rosa María Rodríguez Pupo, realizadora, y Antonio Enrique González Rojas, crítico, ya va siendo hora de repensar la división por géneros que se establece para las obras en concurso. 

Rodríguez participa este año por partida doble. Su cortometraje I love Papuchi compite en el apartado de ficción, mientras que su primer proyecto documental, Órgano. Al ritmo del son molío, es uno de los seleccionados para el laboratorio de desarrollo del espacio Haciendo cine. Según la realizadora camagüeyana, es necesario cambiar la categorización de los filmes, actualmente “ficción”, “documental” y “animación”.

“Quizá sea el público el que deba establecer las reglas. Eso hablaría mejor de la originalidad de la Muestra. Si el problema es que con esta nueva estructura habría menos premios, pues que así sea. Para mí eso no es importante, sino la visibilidad que le da el evento a nuestros filmes. Muchas de las obras nunca más son exhibidas. De hecho, me encanta la sección Bonus porque permite ver esos filmes que quedaron fuera de la selección en concurso, pero que merecen ser proyectados. En fin, que por algo se llama ‘Muestra’ y no ‘Festival’. Hagamos, entonces, una explosión de obras”.

Por su parte, González Rojas asegura que en el apartado documental se encuentran las mejores piezas de la 17 Muestra. Sin embargo, el crítico también cuestiona la persistencia de las categorías.

“En esta Muestra se aprecia la continuidad de una fenoménica creativa que ocurre en la zona que aún se persiste en clasificar como ‘documental’. Esta categoría es insuficiente, está en crisis, pues más bien lo que ocurre es la deconstrucción de lo documental hacia zonas más híbridas, como el cine-ensayo. Creo que la Muestra no debe apelar más a las categorías que tiene actualmente. Tampoco considero oportuno que se cree un caos y se pongan a competir todos contra todos, pues todavía hay muchas obras que se apegan a las convenciones genéricas. ¿Qué hacer? Quizás deban contemplarse además de la ficción y el documental otras tendencias –tendencias más que géneros–, como el ya mencionado cine-ensayo”, opinó.

“Hay festivales en el mundo cuyas categorías son ‘cortometrajes’ y ‘largometrajes’. No obstante, si se quiere ser mucho más dinámico, se puede decidir en cada edición, de acuerdo con la selección de filmes, qué categorías establecer. También se puede premiar, por ejemplo, la mejor animación, aunque esta aparezca en un filme más apegado al género documental. Sería mucho más justo. Creo que se trata de adaptarse a las obras que se presentan cada año”, agregó.

Para concluir, el crítico señaló que este es un momento de mucha búsqueda, “hay varias generaciones juntas realizando, creando, dialogando, confrontando, matizando la manera de reflejar y enfrentarse a la realidad”.    

Queden, entonces, tales criterios como inquietudes para repensarse la Muestra Joven ICAIC, acción nada alejada de su esencia en tanto evento inclusivo, motivador de ideas y defensor del cine joven cubano.