Tomás Gutiérrez Alea habla sobre La muerte de un burócrata

Entrevista

Tomás Gutiérrez Alea tiene en su haber la realización de dos películas llamadas a figurar entre las producciones que señalan el proceso de maduración del cine cubano de largometraje. Me refiero a Las doce sillas y La muerte de un burócrata, esta última todavía sin estrenar.

A reserva de comentar en otra oportunidad el nuevo filme cubano, reunimos en esta oportunidad unas cuantas preguntas y sus respectivas respuestas, que los críticos de cine formularon hace algunos días, antes de partir hacia el Festival de Cine de Karlovy Vary,a su realizador, y que pueden dar cierto conocimiento al lector acerca de la índole de este filme y de su importancia.

¿En qué consiste La muerte de un burócrata?

Es, como su propio nombre indica, una sátira de la burocracia, pero también de muchas otras cosas tristes y mediocres con las que tenemos que convivir a veces. Pero debo decir que yo no creo mucho en la efectividad de la sátira como “móvil histórico”. Hacemos un filme y pensamos que nos estamos riendo de los burócratas y después vienen los burócratas y no solo se ríen con el filme, sino que se ríen de él. Algunos porque no cobran conciencia de que su retrato aparece en la pantalla, y otros por simple oportunismo. Porque es muy fácil para ellos cubrirse con la bandera del antiburocratismo y seguir viviendo como parásitos. Para los grandes males, grandes soluciones. Y en el filme el protagonista tiene que llegar a la violencia para resolver el problema. Es una violencia individual que no resuelve el problema definitivamente, pero, creo yo, sirve de ejemplo.

O por lo menos de catarsis...

Luego, ¿el tema de la película se basa en la realidad?

Efectivamente, todo lo que aparece en la película está ahí en la realidad. Ahora bien, entrando en detalles, o sea, si la anécdota fue extraída o no de la realidad, voy a explicar. Creo que fue Roberto Fandiño, en una reunión con Julio García Espinosa, quien dijo que a alguien lo habían enterrado con el Carnet Laboral y que a la viuda se formaron grandes problemas cuando fue a conseguir la pensión. Aunque creo que en la realidad la cosa no pasó de ahí, a mí esto me dio le idea y después redondeé el tema.

En verdad esto lo oí decir después que ya se me había ocurrido hacer una película sobre los problemas de la burocracia que terminara con la muerte de un burócrata, es decir, que concluyera violentamente. Llegamos a este desenlace porque pensamos que la exasperación a que normalmente llevan a un ciudadano común todos estos problemas de la burocracia puede inducirlo inclusive al asesinato, que no diría asesinato sino ajusticiamiento; o sea, a volverse loco.

¿Le gusta su película? ¿Le modificaría algo?

En general me gusta. Siento que está logrado lo que queríamos hacer. Cambiarla quizás algún actor de los importantes y muchos de los "extras”. La escena de la campaña antiburocracia la haría totalmente nueva y no la colocaría en el lugar en que está en la película sino mucho antes. Realizaría nuevamente la animación del principio, que considero una idea muy buena con todos los elementos para ser buena, pero que tuvo fallos técnicos que la ensucian un poco.

Creo que es una película menor, es decir, sin grandes pretensiones, pero en mi opinión puede lograr lo que se propuso conseguir.

La muerte de un burócrata se va a exhibir en el Festival Cinematográfico Internacional de Karlovy Vary…

La cosa de la burocracia es muy antigua. Eso de la burocracia no lo inventaron, sino lo heredaron y en algunos casos desarrollaron, los países socialistas, donde parece es una etapa bastante opresiva que hay que atravesar. Creo que el mecanismo de la burocracia, tal como está expuesto, es muy elemental y eso se comprenderá dondequiera. Quizás no se entiendan algunos pequeños detalles muy particularmente cubanos. Pero son pocos. El núcleo de la película, o sea, el hecho de tener un muerto en la casa a quien sus familiares no pueden enterrar por un problema de papeles, es una situación bastante violenta, fácilmente comprensible para todos. Eso es lo que soporta toda la película.

Hay una tendencia manifiesta en su cine al humor. En Las doce sillas su elaboración era popular, no intelectual, pero en La muerte de un burócrata vemos ambas cosas. ¿Qué puede decirnos al respecto?

El tema del humor me interesa. Hay algo de humor negro en la película.

(Un crítico, Branly, calificó el "humor negro” de La muerte de un burócrata como de “mexicano” porque “el sentido ese de jugar con la muerte es muy mexicano” y manifestó también que “en Cuba ese sentido de jugar con el humor a través de la muerte no se ha hecho nunca o se ha hecho muy pocas veces. Gutiérrez Alea respondió a estas afirmaciones diciendo: Ya era hora de hacerlo. Aquí estamos jugando con la muerte constantemente desde hace algún tiempo. Me parece que eso es muy español, no tan mexicano. El mexicano lo exaspera a un punto que no creo sea el caso de esta película”).

¿Cuál es su opinión del actor Salvador Wood? A mí personalmente me parece idóneo para la película.

No se puede decir es el mejor actor porque no todos los actores sirven para todo, pero creo está entre los mejores, entre la gente más interesante para trabajar con él, la gente más fresca. Mi trabajo con él en la película fue muy cómodo, porque es un actor que tiene mucha intención. Ya nos conocíamos y habíamos trabajado juntos antes, así que la comunicación fue muy fácil.

¿La música incidental fue expresamente compuesta para la película?

Fue compuesta para la película. Ahora, hay dos o tres cositas por ahí que son de discos. Creo que por momentos es muy buena y en otras ocasiones efectiva. A veces no sé si cae demasiado en el efectismo. Es lo único que me preocupa.

(Un crítico, Callejas, alude a que considera “no hay una unidad en esta música de Leo Brouwer”, cosa que sí se logra en otras películas para las que ha compuesto la música. Gutiérrez Alea responde que fue su intensión echar mano con una gran libertad de todos los recursos que se pueden mover. “Para que vea que ha existido esa intención: en la escena del principio, en que sale de la maquinaria el busto del tío Paco, que se ve después en el cementerio se oye una música angelical, fantástica. Pues bien, eso lo pudo haber compuesto Leo Brouwer, pero le echamos mano a la música de El manto sagrado, que me parece debe producir un efecto muy cómico”).

¿La escena de la pelea en el cementerio fue deliberadamente exagerada?

Eso fue deliberadamente exagerado. Cuando esa pelea empieza es como si esperáramos ver una pelea del Gordo y el Flaco en los años veinte. Es una brinca completamente absurda y además con personajes que son absurdos, porque eso de que el administrador del cementerio se ponga a darle patadas al farol del auto lo hace evidente.

¿Qué opinión tiene de la fotografía de Ramón F. Suárez?

La fotografía es muy profesional, es lo mejor que ha hecho Ramón, y además se mantiene durante toda la película con un nivel muy bueno. Cosa que considero importante: es una fotografía de comedia, porque hay fotografías que impresionan muy bien por su suavidad o tienen una serie de recursos de claroscuros o de cosas muy quemadas o fuera de foco muy sabiamente utilizados, pero eso, en esta película, hubiera sido un amaneramiento inútil y perjudicial porque en una comedia se deben ver todos los detalles de todo lo que aparece en la imagen. Es decir, hay un momento determinado en que están sucediendo cosas por un lado, pero no debe haber nada que le impida a uno ver el resto. No es una fotografía tendenciosa, sino como debe ser, una fotografía muy objetiva, para que el espectador reciba lo que quiera. Por lo menos en cuanto a recursos técnicos, eso en muchas ocasiones es más difícil de conseguir que una fotografía amanerada que puede convertir una deficiencia técnica en un efecto expresivo; pero en esta película teníamos que huirle a eso. O sea, es una fotografía muy profesional y de un nivel muy alto.

Tomado de Archivo de la Cinemateca de Cuba.