Entrevista a Sara Gómez

Entrevista

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En los países capitalistas, la juventud, desde su niñez, está sometida a cierto “dobping” arribista: ser el primero en el aula, para llegar luego a ser el más famoso, el más rico, el más libre. El término “percer” es decir, abrirse paso entre la masa y sobrepasarla, solo, es el único ideal. ¿Qué pasó aquí con el arribismo, con todo el espíritu de competencia? En su actual devenir, podría usted decir ya, ¿qué va a reemplazar esto?

Es necesario considerar que todas les preguntas de su cuestionario parten de premisas que yo estoy obligada a aceptar antes de responder, lo cual me intranquiliza de cierta, forma.

Usted me dice ¿qué paso aquí con...? Yo diría que aquí, en el terreno del individuo no pasó nada, sino que todo “está pasando”, y está pasando por medio de una larga y dolorosa “disolvencia”, para hablarle en términos cinematográficos. Yo pienso que si bien en lo que se refiere a los cambios revolucionarios en la base económica, estos se producen “por corte”, no ocurre así en la escala de los valores éticos individuales. El arribismo, el espíritu de competencia están ahí, aquí, presente, y eso no me preocupa demasiado.

Lo que sí creo es que el cambio básico de estructura tiende a canalizar este sentimiento individualista en función de la sociedad y de hecho a transformarlo. Un niño cubano quiere ser “vanguardia”, es decir, el mejor en su clase, y esto solamente puede conseguirlo por la vía del estudio serio y consciente, por una honestidad en sus exámenes, por su participación en los seminarios y cursos especiales y ganándose el derecho a ser un alumno “monitor” (guía, auxiliar) de la materia que para él represente un mayor interés. Esto crea un desarrollo intelectual comprometido con una verdadera vocación, ¿conoce nuestro actual sistema pedagógico?

El adolescente y el joven, quieren ser “vanguardias”, “militantes”, para lo cual debe ser estudioso y trabajador, participar activamente en actividades deportivas, culturales y agrícolas; y necesariamente debe ser reconocido como tal por la masa, o sea, es la masa la que otorga el derecho a “sobrepasarla”, si es que puedo usar aquí sus mismos términos. Esa masa constantemente pone a prueba su honestidad, en asamblea se discute su derecho a “militar”, a ser un cuadro político, administrativo, artístico y esa masa muy pronto estará integrada por hombres que fueron niños mejores, jóvenes mejores. Personalmente soy optimista, pero creo haber tenido experiencias que me justifican. Creo en los becados de las escuelas de arte, deporte, tecnología e idiomas, creo en esa generación de estudiantes secundarios que cada año, durante 45 días comparten techo, comida, lejos de sus hogares, mientras realizan trabajos agrícolas junto a hombres que nunca habían visto, de los cuales no tenían la conciencia objetiva y palpable de que existían. Y si acaso sintiera alguna preocupación por esos hombres que no fueron niños mejores, confío en la influencia recíproca de este contacto directo con la juventud, confío en las conflictos que lógicamente deberán plantearse, en el triunfo de lo mejor de cada cual y en la impotencia de aquellos que no tengan calidad para mejorarse. ¿Quiere esto decir que no existan oportunistas, mediocres y acomodados? No, están ahí, entre nosotros mismos, dentro de mí es posible que habite una oportunista, una mediocre, una que aspira a acomodarse, pero eso no es grave por cuanto que estemos dispuestos a luchar contra estos elementos fuera y dentro de nosotros. Y lo que sí puedo asegurarle es que este no es un país de conformistas, confío más que nada en alguno de esos jóvenes “conflictivos” que hay en cada aula, en cada fábrica, ese que hace la pregunta que nadie se había hecho, exige una respuesta y pone a pensar a los demás.

El bienestar personal es el único bienestar en las sociedades capitalistas. Gozar de los bienes adquiridos con su lucro, volver a encontrarse con su familia y amigos en una casa de campo es el único afán de las familias burguesas. Luego, solamente comienza la desesperanza. ¿Podría usted decir lo que aquí va a reemplazar este bienestar que es considerado como el más común dentro de nuestros países? Un bienestar tranquilo que es como una pesadilla.

Ese bienestar tranquilo, que efectivamente debe ser una pesadilla, ha dejado de ser un ideal, quizás porque ha dejado de ser una posibilidad, estamos demasiados comprometidos para poder estar tranquilos. Es evidente el hecho de que somos un pueblo “acelerado”, que sentimos “prisa”, todos tenemos urgencias, la urgencia de nuestros problemas económicos colectivos, la urgencia de nuestros problemas políticos y militares: tenemos un enemigo, lo hemos reconocido, lo hemos enfrentado y tenemos prisa por liquidarlo; la urgencia de expresarnos ahora, de inmediato, de afirmarnos. Estamos volcados desesperadamente en medio de una verdadera compulsión de trabajo, de lucha, de entrega; además creemos, creemos con una agresividad que si bien nos anima nunca llega a tranquilizarnos sino que nos excita y nos proyecta uno sobre los otros. Créame que no he vivido un solo día sin que me asalte un estado de júbilo, de verdadera y auténtica fiesta interior y a veces por razones tan ajenas a su mundo como pudiera serlo un triunfo de nuestro equipo deportivo en un evento internacional. O no sé, otras veces ha ocurrido que en un ómnibus, en la consulta de un policlínico he conocido a una mujer, alguien que me ha hablado de sus preocupaciones, de sus problemas domésticos y yo he comprendido, le he dicho cosas de mí, hemos sido amigas, nos hemos entregado afectivamente durante dos horas, y además, esto es lo maravilloso, no nos veremos más, o sí, no importa, no sé su nombre, no conozco su casa, pero la quiero, la entiendo y eso me nace feliz. Es posible que usted entienda que todo este discurso acerca de la comunicabilidad no responde su pregunta, pero me parece que le he entregado mi nuevo concepto del bienestar, de la felicidad, que es lógicamente subjetivo, a partir de mi personalidad que es por demás rabiosamente extrovertida. Pero hay algo sintomático, nunca me he sentido sola por demasiado tiempo y sin haberme avergonzado luego.

Aquí se está operando una mutación. ¿Cuál es la mayor dificultad en esta mutación, quiero decir en el punto de vista del individuo, de su vida interior?

Creo en la mutación que usted señala y muchas veces he pensado en esto. En mi caso personal y muchos otros conocidos, la mayor dificultad ocurre en la ética doméstica, en las reglas de convivencia en el hogar. Hay cosas que aceptamos previamente por un procedimiento intelectual y que luego produce una grave y terrible contradicción emocional. Sé muy bien lo que quiero hacer de mí, lo que es necesario hacer conmigo, con mi vida, pero ocurre que casi siempre vacilo, vacilo hasta la desesperación y me he llegado a creer impotente frente a mi propia inercia. No me siento capaz de hacer nada, de romper con ellos, con los que se opondrían a causa de sus viejos valores, ellos son mis padres, mi abuela, mis afectos y van a sufrir, podrían morir y me siento responsable, los necesito de cierta manera. Somos un país que ha heredado una tradición familiar española y estamos permeados de prejuicios al respecto, no es fácil, se hace trágico. Es curioso el hecho de que esto ocurre dentro del marco de una familia revolucionaria, en el caso de familiares contrarrevolucionarios la cosa se hace más fácil. Por ejemplo, yo no tengo problemas con mi padre, él ha marchado como exilado político a Estados Unidos y de hecho ha desaparecido, las diferencias son demasiado graves, determinantes, ¿comprende? El problema está de este lado de la línea divisoria. En caso extremo de guerra mi madre estará a mi lado con su fusil, pero es en tiempos normales, en tiempos de paz, de trabajo, cuando la convivencia se hace angustiosa. Hay cosas que ella no comprende, que no tiene por qué haber aprendido a comprender y que yo debo justificar. Y cuando hablo de mi madre hablo de toda una generación de hombres y mujeres de 45 años que militan y hasta dirigen organizaciones de masa, pero que creen en los “mitos” de la sociedad burguesa anterior. Ellos aspiran a hacer de nosotros una de Señoritas vírgenes, decentes, elegantes y refinadas, “Señoritas de moral intachable”, y hombres serios, caballerosos y formales, “hombres discretos, respetuosos y serenos que sepan guardar las apariencias”. Ellos ejercen sobre nosotros una influencia tan posesiva hasta el punto de que la ruptura se realiza siempre de manera violenta, dolorosa para ambos. Y lo dramático es que esto ocurre a causa de una revolución que todos estamos dispuestos a defender.

La proyección del hombre, del “su” en los bienes materiales; este vicio fundamental en el hombre que conlleva su perdición, por qué cosa se va a reemplazar? ¿Será en este punto donde se efectúe la mayor modificación del “yo” aquí? ¿Disminuyendo sus atributos quedara o no quedara el “yo” preservado de un sufrimiento? ¿Los suicidios en los “fracasados” de la sociedad, qué quiere decir eso aquí?, ¿Entonces no quedaría más que lo que podríamos llamar el suicidio puro y metafísico?

Para responder este planteamiento sirve mucho de lo expuesto en otras respuestas. Además, podremos analizar hechos particulares, ya que no me siento capaz de especular sobre la nada. Recientemente mi marido y yo advertimos que nuestra pequeña hija de dos años no había desarrollado el sentido de la propiedad particular. Ella asiste desde los 45 días de nacida a un círculo infantil en el que durante 10 horas diarias comparte alimentos, ropa, juguetes, televisor y atención directa, por parte de un personal común a varios niños. Para nosotros fue una verdadera sorpresa esta observación, pero mi hija no diferencia “su pelota” de una pelota, “Su silla” de una silla, “Su plato” de un plato. Todo esto me hizo pensar en mi experiencia de trabajo en Isla de Pinos, allí oí hablar de “mi granja”, “mi albergue”, “mi vaquería” y hubo hasta quien habló de “su Isla”. En Isla de Pinos, la Isla de la Juventud, ellos estén creando, de la nada, un lugar habitable, estén construyendo, están sembrando, ellos son los únicos responsables de esa Isla y de hecho Ia poseen. ¿Será que se está operando una transformación en el sentido de la propiedad sin que necesariamente se haya perdido? No sé, es posible, no entiendo mucho este problema y además me confieso penetrada de un sentido posesivo sobre ciertas cosas que a veces me alivia y me compensa. Pero se me ocurre pensar que tendemos a sentirnos poseedores de todo aquello de lo cual participamos, de lo cual formamos parte integral ayudando a su creación. Quizás ese nuevo sentido más amplio de la propiedad nos impida entregarnos a la posesión mezquina de un “trascendental traje de baile nuevo para esta noche”.  ¿Me explico? Ahora, ¿un sufrimiento por la falta de tributos personales que nos haga sentirnos fracasados hasta el punto del suicidio, no será ridículo? Yo ofrezco una tenaz resistencia a aceptar el fracaso, es más, no me gusta la palabra, y en cuanto al suicidio puro y metafísico no comprendo, no lo creo. Aquí poseemos y estamos poseídos todos, hasta aquellos que no lo saben o no han querido saberlo. ¿No le parece hermoso?

En el mundo capitalista, la célula familiar es algo que calma frente a un universo inscrito y sin alegría que es lo único que se ofrece. ¿Y aquí? Tener hijos para que luego ellos sean, rápidamente liberados de vuestra tutela, ¿es desalentador para algunos? ¿O al contrario?

Bueno, ya sabemos que pasa, con la familia, sus valores se han empequeñecido por los otros. Mi familia representa hasta cuantitativamente una minoría demasiado considerable frente a los otros, todos los que se me ofrecen y no me detengo, he elegido. Además, usted se equivoca, mi hija no ha sido liberada de mi tutela, por el contrario he tomado conciencia de que mi responsabilidad hacia ella determina que deba contribuir a que viva en un mundo mejor. Estoy cumpliendo con mi deber social, que es cumplir con mi deber biológico.

La concepción según la cual el hijo necesariamente debe entrar en conflicto con sus padres para ocupar su lugar en el mundo... ¿Cuál piensa usted que sea aquí?

Esta vez nosotros no hemos entrado en conflicto con nuestros padres para ocupar su lugar en el mundo, sino otro lugar en el mundo, y lo que es más otro lugar en otro mundo. Un mundo precisamente opuesto a ese mundo que los llevó a la desesperación y a la violencia.

¿En qué se convierten los atributos funcionales de la mujer en Cuba? Parece que la mujer funcional está en vías de desaparecer. El comportamiento de la mujer parece menos femenino que en Europa. ¿Es una ilusión?

No me parece que entiendo su pregunta; pero si se refiere a aquellos atributos funcionales que responsabilizan a la mujer con la procreación me parece que estos no han variado, sino que se han enriquecido. Nosotras ahora cada vez somos menos un objeto amable, estética, estático, sexual, pasivo. La revolución nos ha enfrentado a todos con la responsabilidad de nuestra inteligencia, de nuestro compromiso como seres pensantes. En el caso de las mujeres esto se manifiesta proporcionándonos una seguridad, una especie de autosuficiencia que antes no poseíamos. Por tanto cuando nos entregamos somos capaces de exigir, estamos conscientes más que nunca del valor exacto de cuanto entregamos y lo reflejamos en nuestra conducta con un nuevo sentido de la libertad que en mi opinión aporta frescura, encanto y espontaneidad a nuestras relaciones.

¿La soledad inalienable del hombre para lo mejor y peor (es decir para lo mejor, el arte y para lo peor, el suicidio), ha cambiado de sentido?

Sí, ha cambiado de sentido. Toda nuestra vida, nuestro trabajo está dentro de lo que usted llama soledad inalienable para lo mejor, es decir, nuestra vida, nuestros actos, nuestro trabajo nos pertenecen, estamos solos frente a nuestra propia conciencia histórica que nos responsabiliza plenamente y por tanto ha desaparecido el motivo de alienación. Nuestro trabajo es creador, vivimos para crear y para crear algo que nos pertenecerá más allá del tiempo, de toda posible angustia existencial, como el arte. ¿Está claro?

El trabajo estando actualmente en una perfecta coincidencia con la conciencia revolucionaria. ¿Que será cuando la mecanización de los medios de producción se produzca? ¿Cuál será la ocupación del hombre?

Su pregunta me toma de sorpresa y confieso que no puedo responderla. Le he dicho bastante, he dicho mucho, estoy agotada, he tratado de ser honesta, no podía hacer otra cosa. Pero ahora quiero añadir algo sobre esta pregunta, el problema que usted plantea no es mi problema. No sé si fue Fanon, pero alguien dijo que cada generación está obligada a resolver sus propios problemas, y el problema del desplazamiento del hombre por la máquina no está dentro de mi plazo vital, pero le diré que ojalá se me plantease alguna vez ese problema y mucho más por cuanto que eso implicaría que los otros, los que se me plantean ahora estarían resueltos. Aunque estos tiempos me gusten siento un verdadero orgullo generacional, estoy segura de nuestra trascendencia histórica, le aclaro que soy feliz, feliz de vivir aquí y ahora. Usted me habló del carácter absurdo, o inútil, no recuerdo, de la vida... no sé qué quería decir exactamente, pero no comprendo, créame que yo no la comprendo; y si usted cree todo esto está justificando mi desconcierto ante su obra, ante su cine. Sinceramente deseo que me disculpe por esto último, estoy llena de buena voluntad también para usted, créamelo, solo que yo no logro comprenderla.

Tomado de: Archivo de la Cinemateca de Cuba.