Tres épocas (y la envidia) convergen en Club de jazz

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Uno de los grandes actores cubanos de los últimos 20 años, Héctor Noas (Los dioses rotos, Sergio y Serguéi), asegura en el making of de Club de jazz, que ambicionaba trabajar con Esteban Insausti desde que vio Luz roja, el tercer cuento de Tres veces dos. A Noas le encantó el modo en que el joven cineasta manejaba los dos personajes protagónicos de la historia y el valor que le daba a la estética, a la atmósfera visual.

Ambos elementos, es decir, el trabajo psicológico a fondo con los personajes en su relación con el entorno psicosocial, y una lujosa visualidad, conseguida sobre todo en posproducción, se encuentran entre las virtudes principales de este nuevo largometraje del ICAIC que se estrena en noviembre.

Club de jazz es un proyecto anterior a Larga distancia, y contemporáneo con Tres veces dos. Trata sobre la envidia, la más inconfesable y patética de las emociones humanas. Engranar la narración morfológicamente fue complicado porque son tres épocas y nueve protagonistas”, asegura el director y guionista en el mencionado making of de un filme integrado por tres relatos sucesivos: Saxo alto, Contrabajo con arco y Piano solo, cada uno de ellos protagonizado por un músico (Ángel, Israel y Leo), relacionado, de alguna manera, con el club de jazz mencionado en el título.

Los actores y actrices aman el método de dirección de Insausti, y así se congregó un largo elenco de consagrados en Club de jazz. Los tres protagónicos fueron confiados a Álvaro Rodríguez, Raúl Capote y Yasel Rivero, mientras en papeles especialmente relevantes, brillan el mencionado Héctor Noas, Mario Guerra, Luis Alberto García y Yailene Sierra, quien interpreta un personaje corto e intenso: la madre de uno de los niños protagonistas del primer cuento. La actriz tuvo la responsabilidad de actuar también como coach de estos dos niños no actores.

Filmada mayormente en un blanco y negro de lujo, Club de jazz cuenta, para el diseño de las muy hermosas imágenes, con Ángel Alderete, quien considera que este es su mejor trabajo hasta ahora. El director de fotografía recurrió, en acuerdo con el director, a un manejo sutil de la iluminación, con una luz que insinúa y que no quiere manipular ni seducir, sino más bien inquietar. Porque la envidia es algo silencioso, recóndito, y por ello los encuadres pueden resultar raros si se observan desde la tradición académica.

El filme, como otros de Insausti, cuenta con edición de su esposa, Angélica Salvador, quien trató de mantenerse distanciada del proyecto en sus etapas de guion y rodaje, para así conseguir saludable objetividad a la hora de cortar, eliminar escenas, sugerir elipsis o conferirle uno u otro ritmo a la sucesión de planos. Y la música ocupa un papel estelar en este nuevo largometraje de Insausti, al igual que en el anterior y muy elogiado documental Las manos y el ángel, o en Larga distancia, que contaba entre sus personajes principales también con un músico.

Por su singular talante estético, el tema inusual (en nuestro cine) de la envidia o la dificultad para reconocer el talento ajeno, y a causa también de su encomiable, entregado y bien dirigido elenco, Club de jazz promete convertirse en una de las propuestas más conspicuas del cine cubano reciente.