Ocho prometedores y jóvenes actores brillan en el filme cubano INOCENCIA

Un poderoso elenco de muy jóvenes actores es uno de los indiscutibles garantes de un filme cubano que está llenando las salas.

Inspirada en el atroz fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina en 1871 por las autoridades españolas, instigadas por los voluntarios cubanos, Inocencia se propuso, entre otras cosas, ahondar en las características humanas de los estudiantes para establecer un diálogo con el espectador contemporáneo.

El director Alejandro Gil manejó eficazmente el ímpetu del juvenil elenco para narrar los sucesos en torno al fusilamiento de los estudiantes de medicina, personajes reales cuyos nombres son recitados en Cuba en los matutinos de todas las escuelas a propósito del 27 de noviembre. Los ocho estudiantes fusilados tenían entre 17 y 21 años.

Además del también joven actor y protagonista de Inocencia Yasmany Guerrero, quien interpreta a Fermín Valdés Domínguez, el filme incluyó a estudiantes o recién graduados de la Escuela Nacional de Arte y del Instituto Superior de Arte, todos ellos elegidos, en conjunto con el director, por la directora del casting, profesora y actriz Yaremis Pérez, quien también interpreta en la película a la esposa de Fermín Valdés Domínguez.

Al lado de consagrados como Héctor Noas, Osvaldo Doimeadiós, Patricio Wood y Fernando Echavarría, logran dar la talla, a pesar de la brevedad de algunas de sus intervenciones, en el papel de cada uno de los ocho estudiantes: Luis Manuel Álvarez (Anacleto Bermúdez), Carlos A. Busto (Alonso Álvarez de la Campa), Reinier Díaz (Ángel Laborde), Justo César Valdés (José de Marcos y Medina), Ángel Ramón Ruz (Juan Pascual Rodríguez), Omar González (Carlos de la Torre y Madrigal), Amaury Millán (Carlos Verdugo), Ricardo Saavedra (Eladio González)

Cuando alguno de los jóvenes actores le preguntó al director Alejandro Gil cómo era su personaje, el realizador le respondió: “Como tú”. Y así todos comprendieron que se trataba de interpretar, con la mayor naturalidad posible, no solo la pasión y la energía propias de la edad, sino también el miedo, la ira, el dolor.

Según varias declaraciones del director, lo ideal era que ese grupo de jóvenes actores, encargados de interpretar a los estudiantes, tuviera una poética narrativa en común, que lograra una comunicación con el espectador, y así ayudara a la exposición dramática. La dinámica interna de los jóvenes actores resultó muy alentadora, según declaran todos y cada uno de ellos, y todos crecieron profesionalmente durante el proceso de realización porque debieron someterse a muchas sesiones de ensayo, y la necesidad de evolucionar en muy poco tiempo, porque la mayoría de ellos no había hecho cine.

De los ocho estudiantes, recibe mayor atención Anacleto Bermúdez, cuya tronchada historia de amor con Lola es una de las principales bazas emocionales del filme, junto con la apasionada interpretación de Luis Manuel Álvarez quien consigue reforzar la carga emocional de las situaciones y erigir su personaje cual emblema de la inocencia destruida, del vigor tronchado, de la posibilidad anulada por la intolerancia