Enrique Pineda Barnet

Adiós a Enrique Pineda Barnet: director de tantas paradojas y resurrecciones

Jue, 14/01/2021 - 08:30

Este 12 de enero nos abandonó físicamente Enrique Pineda Barnet, uno de los directores más creativos del cine cubano; un realizador que nunca se conformó con un tipo de cine cómodo, sino con un cine de búsqueda, aun en aquellos filmes incluidos en su filmografía como obras aparentemente de “encargo” o coyunturalmente “correctas”.

Muy pocas veces pudo considerarse uno de los creadores más exitosos dentro del cine cubano, todo lo contrario. Con excepción de La bella del Alhambra (1989), sus cintas han tenido poca popularidad, apenas han sido premiadas e incluso, algunas nunca se exhibieron.

De sus éxitos y fracasos siempre estuvo consciente; pero también disfrutó las constantes resurrecciones de sus películas, revalorizadas a lo largo del tiempo. Quizá el ejemplo más reciente de lo anterior fue la reposición de su obra Giselle (1964), seleccionada como parte del homenaje a Alicia Alonso en el centenario de su nacimiento. Un texto fílmico ―como ya escribí en este mismo sitio1 ― considerado un rara avis por su ambivalencia como documental y ficción.

De sus tantas paradojas bastaría con mencionar su participación en Soy Cuba (Mijal Kalatozov, 1964), filme representativo de los primeros tiempos del Icaic y sus relaciones con el mundo, pues fue una época en que vinieron a Cuba importantes directores y actores de todo el orbe a conocer lo que se estaba produciendo en aquella islita, hasta entonces prácticamente desconocida del Caribe, en tiempos en que Europa y el resto del planeta comenzaban a bullir en manos de los jóvenes.

Enrique Pineda Barnet fue seleccionado como co-guionista2, pero al mismo tiempo debía funcionar como regulador de los desbordes de una mirada foránea sobre nuestra realidad, a todas luces exótica para aquellos realizadores. La experiencia desde lo personal y profesional no fue agradable. En una entrevista que concediera a Lissette Hernández y Walfredo Piñera en 1990, les confesó:

“… tuve la ingenuidad de dejar hacer lo que querían, y Kalatosov lo que quería era prácticamente lo que hubiera pedido un turista. Él quería las maracas, las palmeras, los bongoes, las mulatas y, en fin, tenía esa mentalidad. Yo juré en los Estudios Mosfilm… que el resultado de la película y lo que se nos había pedido, era una ‘americanada’ barata, de Hollywood malo”.3

Sin embargo, después de tantas insatisfacciones, se convirtió en una de sus paradojas y resurrecciones, pues, en los años 90 Soy Cuba fue redescubierta como un verdadero prodigio técnico y colocada en el mercado norteamericano como un producto nuevo, de culto, estudiado y analizado por toda la crítica internacional como un verdadero “mamut siberiano”. 

El núcleo sólido de su filmografía, donde se encuentran casi todos sus largometrajes de ficción y su documental David (1967), tiene como tema común su interés por conservar y (re)producir la memoria y la relación con lo que los historiógrafos han denominado la “Historia de bronce”, es decir, la reescritura de los acontecimientos de la vida de la nación desde el hoy en busca de una funcionalidad política4.

El tratamiento de la memoria en su obra se extiende hasta La Anunciación (2009). En ella cambian las estrategias de representación hacia una naturalización del discurso cinematográfico, relacionado con los acontecimientos y las figuras nacionales abordadas (Frank País, Mella, Lidia y Clodomira). Estos cambios fueron determinados por el contexto y la búsqueda de una mayor comunicación con el público, que propició ―hasta Tiempo de amar (1983)― la funcionalidad política del texto, aunque no siempre la efectividad estética.

La bella del Alhambra (1989), indiscutiblemente su éxito más grande, también pertenece a este núcleo, aunque su funcionalidad no está completamente al servicio de esa “Historia de bronce”, sino como diálogo, metatexto de los acontecimientos que ocurrieron en Cuba durante la década de los 80, para lo cual aprovechó, en su rastreo de la memoria, el espacio artístico-cultural.

Existe una parte dentro de la obra creativa de Enrique Pineda Barnet apenas conocida y exhibida: su labor de experimentación, que incluye tanto documental como ficción. En este grupo se sitúa Cosmorama (1964)5, un breve experimento audiovisual que recrea una de las obras del artista cinético Sandú Darié (1908-1991); Juventud, Rebeldía, Revolución (1970), filme en el que desarrolla el exceso como estrategia de representación dentro de la puesta en escena; Ñame (1970), un divertimento nacido de la intención de testimoniar los días en que fue movilizado, junto a los otros trabajadores del Icaic, a recoger esta vianda en Camagüey; y M-S (Mejor Servicio) (1970), documental encuesta sobre el maltrato en los establecimientos de comercio y el transporte, antecedente de una línea temática crítica que desarrollará, posteriormente, el Noticiero ICAIC Latinoamericano.

Aquí no podrían faltar sus producciones en video y cine digital, elaboradas durante los 90 y parte del nuevo siglo, hechas de modo independiente, fuera de Cuba y varias de ellas bajo la firma de su Taller Arca, Nariz, Alhambre (A.N.A.)6; unas terminadas en Cuba y otras en Puerto Rico.

De este periodo creativo son First (1997), corto de ficción codirigido con Tomás Piard, resuelto en un solo set en forma de monólogo, donde el personaje protagónico (Héctor Noas) se cuestiona los valores personales y morales a través de una conversación consigo mismo delante de un espejo. Pineda Barnet lo consideró como una reflexión sobre la responsabilidad, la culpa y otros valores.

Ecuación o los tres Juanes (2000), su cinta más críptica, en la cual vuelven a surgir sus preocupaciones éticas sobre lo correcto y sobre la verdad. Está contada solamente a través de la gestualidad de los actores, el uso de máscaras y otros atributos. No posee diálogos, solo música y sonido ambiente.

Un filme prácticamente olvidado en su cinematografía es Angelito mío (1998), largometraje realizado en Puerto Rico, única ocasión en que Pineda Barnet se acercó al tema infanto-juvenil, el cual tuvo la colaboración del importante actor borinqueño Jacobo Morales.

Su estructura narrativa es muy clásica, lineal, sin grandes riesgos, con momentos musicales intercalados en la trama. No obstante, la poética del realizador reaparece en la asunción de la teatralidad y lo farsesco en su concepción de los espacios. Su moraleja: “Ámense por encima de todas las diferencias, pues no hay mayor amparo que nosotros mismos” sustentará, varios años después, el argumento de La Anunciación.

Verde verde (2011), su último largometraje, parecía que no tenía contacto ninguno con su obra anterior. La relación homoerótica entre sus dos protagonistas era algo nuevo en su filmografía y en buena parte del cine cubano. Sin embargo, en una entrevista anterior al estreno del filme, Pineda Barnet declaraba que tenía que ver con First y con La Anunciación7. Con él cerraba otra línea temática subyacente en casi todos sus filmes: el tratamiento de la heterotopía como ese espacio otro donde pueden facilitarse actos de resistencia y trasgresión, en los cuales se producen, se consolidan las utopías. Un tópico en el que no me detendré.

No puedo cerrar este adiós sin volver a relatar el origen de mi admiración por Enrique Pineda Barnet, el cual trascendía el conocimiento de su obra y se remonta a una invitación que le hice, en 1991, cuando yo coordinaba el Cine Club Universitario “Primer Plano” del entonces Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana, hoy Universidad Agropecuaria de La Habana “Fructuoso Rodríguez Pérez”.

Pineda Barnet, en esa fecha, era uno de los directores más importantes de nuestra cinematografía, pues estaba todavía disfrutando del éxito clamoroso de La Bella del Alhambra, con la cual había traído a Cuba el Premio Goya de la Academia de cine español. Él no solo consintió en compartir algunas jornadas con aquellos muchachos alejados del centro de la ciudad y estudiantes de carreras poco afines a las Humanidades, sino que les regaló la lectura de un fragmento extenso del guion de la película que preparaba en aquellos momentos: Bolero rosa8.

Ese gesto para mí fue inolvidable y pude comprender, después con los años y el acercamiento a su obra y persona, que no era una excepción en su forma de asumir la vida, en la que siempre estuvo presente un espíritu creativo inagotable, la modestia y un alto sentido de la amistad.

(Foto tomada de Radio Rebelde)

 

Notas:

1 Noa, P. (2020) “Giselle en la ambivalencia de la creación”. Cubacine.

2 El guionista principal era el poeta Eugeniv Evtushenko, uno de los escritores más importantes de la literatura soviética en aquellos momentos.

3 Hernández, L. y Piñera. W. (1990). “Diálogo con Enrique Pineda Barnet, un rastreador de la memoria”. Revista Universidad de La Habana, no. 239. septiembre-diciembre, p. 132.

4 “… la historia de las conmemoraciones, la de los monumentos, la historia que fija ciertas actitudes, ciertas facetas, ciertos componentes del pasado con intención de perpetuar con ellos una nueva forma de conducir el presente”. Zanetti, O. (2009). “Pasado para un futuro. Acerca de los usos y la utilidad de la historia”. La Gaceta de Cuba, no.1, enero- febrero, p.7.

5 Una de sus obras renacidas, pues fue incluida en la Exposición Los Cinéticos, realizada en 2007 en el Museo de Arte Reina Sofía de Madrid, como precursora del movimiento de videoarte contemporáneo.

6 “… un Taller de creatividad artística, y un conjunto de talleres que incluyen: concepción y análisis dramático de guiones, dirección cinematográfica y actoral para cine, tv, video, radio.... al mismo tiempo válidos para cualquier manifestación de arte o de perfil socio-cultural. Hacemos énfasis en el VIDEO por sus múltiples significaciones y sus cualidades estéticas aun inexploradas, además de las características económicas que democratizan y hacen factible su realización”. Pineda, E. “¿Qué es A.N.A.?”. Blog Puentear.

7 Mirabal E. y Velazco, C. (2011). “Verdes verdades. Entrevista a Enrique Pineda Barnet”. Cine Cubano, no. 180, abril- junio, p. 149.

8 Fue un proyecto fracasado después de haber rodado La bella del Alhambra. Al respecto se puede consultar a José Antonio Evora en “Naturalmente en el proscenio con Enrique Pineda Barnet”, en la Revista Revolución y cultura, enero-febrero, 1992, p. 9.