COLUMNA
Antonio Mazón Robau
 En mi casa mando yo

Cada 28 de diciembre nace el cine

Lun, 12/28/2020

El 28 de diciembre de 1895, hace 125 años, nació el cine. El suceso ocurrió en el sótano del Grand Café, en el Boulevard des Capucines, en París. Era sábado y algunos transeúntes se asomaron, sin quererlo y sobre todo sin imaginárselo, a una nueva manifestación de la espiritualidad y la inteligencia del hombre, que a través de diez películas caseras iba a tener su definitiva partida de nacimiento.

Este honor correspondió a los hermanos Lumière, quienes con su proyector-cámara, el cinematógrafo, se adelantaron a numerosos investigadores que, como ellos, querían ser los primeros en ofrecer al mundo la asombrosa posibilidad de la fotografía animada proyectada en un lienzo, es decir, como espectáculo colectivo, importante diferencia que le aventajaba del Kinetoscopio de Edison, a quien se le atribuye, con frecuencia, la paternidad del cine. Pero los Lumière fueron más lejos, y a ellos corresponde el honor del alumbramiento. Así nació ese maravilloso invento. Muy lejos estaban los Lumière de imaginar que con el tiempo se convertiría en el entretenimiento por excelencia de las masas y en una floreciente industria que produce miles de millones de dólares anuales. Ellos solo veían en el descubrimiento una novedad científica, y así se lo hicieron saber a Georges Meliès, futuro director de Viaje a la Luna (Le Voyage dans la Lune, 1902) en una histórica carta en la que le decían al actor, realizador y mago que no veían futuro comercial en su cinematógrafo.

A través del tiempo, el cine ha conocido sucesivas y asombrosas transformaciones. Adquirió color, sonido, conoció macropantallas e hiperrealismo, cambió de soporte, y se ha transmitido a través de los más diversos medios. Y nació el arte que lo define, las corrientes cinematográficas, el star system, los realizadores, los autores, se anunció su muerte, resucitó una y otra vez, hasta llegar a un nuevo estilo, otras invenciones narrativas, novedosas tecnologías, una nueva generación de realizadores e intérpretes. Antes Cecil B. de Mille y Griffith, luego Eisenstein y Welles, Truffaut y Godard, Bergman y Tarkovski, Sokurov y Won Karwai, ahora Bier, Bong Joonho y Audiard. El cine no morirá, y se adaptará al medio que surja, a la sensibilidad de los tiempos por venir. Solo necesita, para su supervivencia como arte, que no exista hegemonía de temas y lenguajes, que los nuevos creadores eludan el cine de consumo masivo y se equilibren autores y artesanos, cine de entretenimiento y de reflexión, cine norteamericano y de otras latitudes.

Cada 28 de diciembre nace nuevamente el cine. En el futuro el arte cinematográfico volverá a evolucionar y sufrirá nuevas transformaciones, pero nunca morirá.

(Tomado de Cartelera Cine y Video, no. 181)