Átame

Cinerama Internacional

Mar, 30/06/2020 - 08:00

El 14 de junio de 1985 se estrena en Los Ángeles El honor de los Prizzi, que John Huston concibió como una suerte de respuesta burlona, y nada glamorosa, a las dos primeras partes de El Padrino, dirigidas por Francis Ford Coppola en 1972 y 1974, respectivamente. Las familias de mafiosos neoyorquinos parecían marionetas o caricaturas, en vez de mostrar la grandiosidad trágica con que Coppola los aureoló, de modo que domina el tono farsesco, y las actuaciones distanciadas o exageradas de Jack Nicholson, Kathleen Turner, Robert Loggia y William Hickey. Ganadora de cuatro Globos de Oro, y de un Oscar a la mejor actriz de reparto (Anjelica Huston), además de siete nominaciones, incluyendo la de mejor película, El honor de los Prizzi es una de las mejores comedias negras de esa década. John Huston tuvo la oportunidad de dirigir a su hija en sus dos últimas películas: El honor de los Prizzi y Los muertos (1987).

El 20 de junio de 1990, el realizador español Pedro Almodóvar llega a París para presentar ¡Átame!, así, con signos de admiración y todo, como le corresponde al modo imperativo. El público francés amó siempre el cine de Almodóvar, desde los años ochenta, y lo distinguieron con mayor afecto que el demostrado por la Academia española. Ese mismo año el filme fue nominado nada menos que a 14 premios Goya y se los negaron absolutamente todos. ¡Átame! consagró definitivamente a Victoria Abril, que al año siguiente devino una de las mejores actrices europeas con Amantes, de Vicente Aranda, y Tacones lejanos, de nuevo con Almodóvar. Su coprotagonista era Antonio Banderas, que venía de interpretar algunas de las mejores películas españolas de los años ochenta (La corte del faraón, La ley del deseo, Mujeres al borde un ataque de nervios) y estaba a punto de partir a Hollywood. En la escena final de ¡Átame!, los protagonistas tarareaban “Resistiré”, la misma canción convertida en himno gracias al nuevo coronavirus.

El 1 de junio de 1994 se estrenó en salas parisinas Los juncos salvajes, dirigida por André Techiné, y presentada en el Festival de Cannes de ese año. La notable repercusión crítica y pública de este filme, sobre amores juveniles y confusión de sentimientos, se concentró en elogiar la excepcional sinergia entre los modos de narrar de las series televisivas y del cine, en tanto se trata de la versión alargada para el cine de un capítulo perteneciente a la serie Todos los muchachos y las muchachas de su edad. Devenido filme clásico del cine francés de los años noventa, y uno de los mejores de su autor, Los juncos salvajes se ambienta en la época de la guerra de Argelia y de Los paraguas de Cherburgo, para relatar el despertar a la sexualidad, los afectos y el compromiso social por parte de tres adolescentes, y su entrada en el mundo adulto. También destacó por el tratamiento de la toma de conciencia sobre la homosexualidad en la figura del protagonista, alter ego del director, e interpretado por Gaël Morel.

Pocas noticias nos llegan de Australia, un país donde se celebra anualmente, durante 12 días de junio, el Festival de Cine de Sídney que se abrió a la competencia oficial internacional en 2008, cuando fue reconocida ganadora Hambre, de Steve McQueen; seguida en el palmarés, entre otras, por Amores imaginarios, dirigida por Xavier Dolan, y la mundialmente premiada Una separación, del iraní Asghar Farhadi. En 2012, el primaveral evento de Sidney decidió coronar al griego Yorgos Lanthimos por Alpes, y en los años sucesivos ganaron el principal lauro Nicolas Winding Refn, por Solo Dios perdona, y los hermanos Dardenne, con Dos días y una noche. Hasta allá llegaron posteriormente los éxitos del cine latinoamericano mediante la brasileña Acuario, de Kleber Mendonça Filho, y la paraguaya Las herederas, de Marcelo Martinessi. En 2019 ganó, como en todas partes, Parásitos, de Bong Joon-ho.

(Tomado de Cartelera Cine y Video, no. 175)