Joker

Cuando llora el payaso

Lun, 17/02/2020 - 11:06

Uno de los momentos cinematográficos más poderosos que nos legó 2019 proviene del primer plano de un payaso que muy mal se pinta de rojo sangre la boca, con la cara completamente contraída, y los ojos llenos de lágrimas. Estoy hablando de una escena recurrente en Joker, una de las películas más originales e intensas de los últimos años.

Entiéndase que la combinación novedosa de obras antiguas también construye un camino hacia la originalidad, y el director Todd Phillips se remite a la mitología de Batman y Gotham City solo para demolerla a golpes de realismo social, profundamente asumido, y de un intenso, conmovedor psicologismo.

En su atentado contra el glamour evasivo de los superhéroes y sus oponentes, el director se auxilió de dos poderosos referentes, dos filmes que alumbraron el camino: The Dark Knight (2008), con el intento evidente de humanizar a Batman y a su letal oponente, y Taxi Driver (1976), que describió como ninguna otra película el mundo del sociópata y la violencia que pueden generar sus frustraciones. Incluso, en cuanto a la venganza de los ultrajados, hay momentos que recuerdan una historieta, pero no la de Batman, sino la británica V de Vendetta.

El caso es que el payaso terrorista, el marginado irascible y el impulso vindicativo se confunden en la película de Todd Phillips y se articulan sobre todo mediante la actuación descomunal de Joaquin Phoenix, un actor capaz de convertir su personaje en símbolo de la humanidad traicionada, y motivo de burla o menosprecio.

Y ese símbolo humanista que presenta esta película conserva, de algún modo, similar esencia a la de aquel guasón delirante, un personaje tan esquemático como suelen serlo todos, o casi todos, los que pueblan ese universo de historietas, series televisivas, juegos de video y películas de superhéroes adoradas por la mayor parte de los espectadores.

Phillips y Phoenix, con la complicidad y el estímulo del guion escrito por Scott Silver, se apartaron absolutamente de todas las historias generadas por DC Comics (Superman, Batman, La Mujer Maravilla, La Liga de la Justicia, Los Jóvenes Titanes, etcétera), pero conservaron algunas referencias que les permiten conectar con la audiencia que adora este mundo fabuloso, y la historia de Joker se ambienta no en Nueva York, sino en la inexistente Gotham City, una ciudad poblada por seres violentos y egoístas.

En ese ambiente gris, de miseria y desencanto, nadie es capaz de apreciar el talento de este payaso callejero, que se ríe inopinadamente, y sueña con devenir humorista de clubes nocturnos, de los llamados stand-up comedians, y tal vez participar en un popular talk show de televisión.

Porque el filme, además de estudiar la neurosis y la frustración, también cuestiona la enfermiza obsesión de triunfo o notoriedad a toda costa que inculcan los medios masivos norteamericanos. Esta zona del filme se relaciona sobre todo con la presencia de Robert de Niro, que interpreta a un personaje similar al que hacía en El rey de la comedia, también de Martin Scorsese.

En lugar de una cuartilla quisiera el crítico entusiasmado escribir treinta sobre esta película, que también cuenta entre sus casi innumerables méritos un trabajo portentoso en el diseño de producción, la fotografía y la edición, que le confieren suficiente entidad y riqueza visual al poderoso símbolo del payaso que llora, o que ríe cuando nadie lo necesita.

(Tomado del periódico Cartelera Cine y Video, no. 172)