COLUMNA
Antonio Mazón Robau
Laure Calamy

Descubrimiento de una actriz

Mar, 08/17/2021

La actriz francesa Laure Calamy nació en 1975 y desde hace dos décadas incursiona en cine, televisión y teatro. Después de una carrera cinematográfica en la que ha interpretado sobre todo roles secundarios, ha llamado la atención cada vez más en los últimos años con su presencia tanto en la grande como en la pequeña pantalla. En la serie El diez por ciento (Dixpour Cent, 2015-2020), por ejemplo, Calamy interpretó un personaje muy convincente, el de la secretaria Noémie, que fue cobrando cada vez más fuerza a medida que continuaban las siguientes temporadas de esa gustada producción francesa.

En 2017 participó en el filme Ava, de la directora Léa Mysius, y obtuvo su primera candidatura al premio César en la categoría de mejor actriz de reparto, y en 2019 repitió igual nominación con Solo los animales (Seule les bêtes), de Dominik Moll. Además, por esos tiempos, su presencia en Mademoiselle de Joncquières (2018) fue muy apreciada, así que no es de extrañar que poco después haya ganado su primer César con Antoinette dans les Cévennes (Mi burro, mi amante y yo, 2020). En fin, Calamy, con un don natural para hacer sonreír, cierta sensualidad infrecuente en las actrices francesas y una capacidad innegable para rodar escenas dramáticas, está en su mejor momento y tiene mucho que ofrecer, especialmente en el terreno de la comedia.

Sus virtudes se dan precisamente en el título Antoinette dans les Cévennes, y constituyen lo mejor que ofrece este segundo filme de la realizadora Caroline Vignal, quien además lo escribió. Pero poco más puede decirse a favor de esta comedia, rodada en régimen de coproducción entre Francia y Bélgica, en la cual Calamy interpreta a la profesora de primaria Antoinette Lapouge, quien es amante de Vladimir, padre de una de sus alumnas. El conflicto surge cuando Vladimir le explica que no puede escaparse con ella en las vacaciones, porque tiene que viajar con su esposa e hija a las montañas. Entonces Antoinette, sin pensarlo dos veces, viaja a ese lugar con el plan de tener con él otros de sus encuentros furtivos. Y así comienza un interminable viaje de la protagonista por las montañas, acompañada por un burro nombrado Patrick, lo que se convierte en el centro de una historia carente de suficientes elementos para hacer divertido o cuando menos más atractivo el extenso paseo. Además, la relación amorosa carece de secuencias que convenzan al espectador del cambio que, según la película, se produce en ambos personajes a lo largo del metraje.

Además de la presencia de Calamy, factor vital del filme, podría añadirse como algo atractivo y novedoso la mirada desprejuiciada que lanza la realizadora sobre el adulterio, algo acerca de lo cual el alegre y vital personaje de Antoinette no siente culpa o remordimiento. Pero nada de esto es suficiente para que la película se haya ganado el derecho de participar en la competición oficial del Festival de Cannes 2020.

Conocidos son los niveles de exigencia que el renombrado festival ha mantenido a lo largo de los años para que sea uno de los más cotizados y prestigiosos del mundo. Es difícil explicarse como una comedia ligera, sin audacias artísticas a la vista, haya participado en la competición oficial. La única explicación posible es que la dirección del evento es indulgente con los títulos procedentes de Francia, algo que a veces ha ocurrido.

De cualquier forma, es de agradecer a la directora Vignal que le haya ofrecido a Calamy este rol, que le ha permitido incluirse en la selecta lista de los consagrados con el premio más importante que ofrece la industria cinematográfica francesa.

(Tomado de Cartelera Cine y Video, nro. 189)