Juan Padrón

Elpidio Valdés en el país del largometraje. Una conversación con el realizador Juan Padrón

Mié, 08/07/2020 - 13:59

¿En qué medida utilizaste la experiencia de los cortos anteriores de Elpidio Valdés y la incorporaste en la realización del largometraje? A la hora de narrar la historia, ¿qué diferencia encuentras entre los cortos y el largo?

Como todos los que realizamos animados, aprendí trabajando sobre la marcha. Así que yo diría que utilicé la experiencia de todos los cortos anteriores. Sobre todo, a partir de encuentros y comprobaciones con los pioneros fuimos puliendo el diseño de los personajes, adaptándolos para el cine. Ya habíamos encontrado también el estilo más apropiado para los fondos… las voces principales, el estilo de narración.

Aprendimos a contar una historia en imágenes y a saber qué cosas subrayar y enfatizar; cómo adaptar la música, de manera que los efectos y los diálogos no se hicieran una “bola” de sonido a la hora de la mezcla final, y así…

A la hora de narrar una historia para un corto de unos siete u ocho minutos, hay que sintetizar al máximo. Hay que contar la anécdota apoyándose en los momentos principales y saber escogerlos. El diálogo se usa al mínimo, y construido de manera que se dé el máximo de información con pocas palabras. Se usan mucho las disolvencias y los oscurecimientos rápidos para ganar tiempo. Por experiencia aprendimos que mientras más tomas o escenas se diseñen para ocho minutos, se obtiene un ritmo más acelerado y se facilita el trabajo de animación; o sea, se suple el trabajo de animación —se ayuda— con un montaje más picado.

En el caso del largometraje, la operación es distinta. Se utiliza también el mínimo diálogo, pero la información puede ser más extensa. Se trata de mantener la atención de un público inquieto durante más de una hora, y hay que darle acción… pero no tan de prisa como en los cortos. Hay que irlas construyendo con más detalle. Cuando escribía el guión, me asustaba al calcular el tiempo con un cronómetro, porque cuando iba por los treinta minutos ya se me estaba acabando el argumento. El largometraje debe tener momentos de calma, su paneo bobo para ver el paisaje… porque si tuviera la velocidad de los cortos nadie resistiría el tiempo en pantalla, o, si lo aguantaba, saldría con taquicardia. Hubo que ir trabajando —penosamente para mí— el guión, cronómetro en mano, para lograr mantener el interés sin mostrar un atropellamiento constante. Creo que la prueba más dura del largometraje no fue el trabajo de hacer los dibujos, sino el de lograr el guión. Aunque si vas y le preguntas a los dibujantes por lo más difícil, te dicen que ¡pirulíes!, que fueron los dibujos.

A la hora de escribir el guion, ¿qué aspectos o temas fundamentales te interesó destacar y cómo los integraste a la historia? ¿Pudieras citar ejemplos a partir de situaciones argumentales concretas?

Nos planteamos —si mal no recuerdo— unos doce objetivos principales y al final habíamos cumplido unos veintitrés. Estos objetivos principales eran pie forzado para la narración, o a veces facilitaban la solución de la trama. Giraban alrededor de la educación patriótica-militar, el colectivismo, el amor a la patria, el sacrificio, el amor a la mujer, la educación formal y así, en base a los señalados por la Organización de Pioneros José Martí. Por ejemplo, los personajes mambises se dan los buenos días, los españoles tratan a sus soldados a patadas; María Silvia tiene la decisión, el valor y la capacidad de cualquier mambí; Elpidio es elegido jefe de la partida por su valor y coraje: a su vez tiene otros jefes; su padre no sacrifica el alzamiento por esperarlo a él que está bobeando; el “pacífico”comprueba que debe tomar partido en la lucha; y te podría contar así toda la película.

Quisimos dar también un panorama de las clases que componían la colonia en esa época; el relevo de generaciones, simbólicamente en el machete del padre de Elpidio; la desgracia de los “quintos” embarcados en la guerra. Los personajes son positivos o negativos por el partido que toman en la trama y no porque sí. No quisimos hacer el esquema Disney del tipo malvado vestido de negro, con ojos amarillos y cuernos en la cabeza. A ese lo ves aparecer en una película y dices, ¡Paf, ahí está el “malo”!

Además de la investigación histórica sobre la que descansa el trabajo de guión, ¿tuviste discusiones con los niños, recogiste sugerencias, antes de elaborarlo?

Ya antes y de acuerdo con el Departamento de Divulgación de los Pioneros José Martí, habíamos hecho investigaciones con los niños en algunos lugares de la isla. Ahí aprendimos mucho con relación a la afectividad de los personajes, la comprensión de la historia a contar. Habíamos detectado que las niñas necesitaban y exigían un personaje femenino. Creamos a María Silvia, la compañera de Elpidio, a gusto de las niñas. Eutelia la niñita que había aparecido antes era muy “chiquita”; las muchachas querían una muchacha con la cual Elpidio pudiera tener un romance. Si le preguntas a las niñas si quieren que se casen, se ponen locas de contento… los niños no se embullan tanto.

En realidad el largometraje se nutrió de las primeras investigaciones y encuentros.

Hicimos una hace meses, recién estrenado el filme, y comprobamos que Eutelia y María Silvia son personajes muy queridos por los niños. En el caso de Cetáceo, el sobrino de Resóplez dimos en el clavo: lo detestan.

¿Te planteaste la utilización de diseños más elaborados en este largometraje?

Lo único que hicimos fue estabilizar un poco más los diseños, alargarlos un poco nada más. Nos planteamos que sería una película modesta, sin tratar de alardear con líneas de colores o efectos especiales de carácter espectacular. En general, decimos mantener el estilo de los cortos.

Pienso que ya hemos comprobado que podemos animar una hora y pico de la película. El próximo largometraje debemos enriquecerlo, plásticamente, esforzándonos por aportar mejores y más estudiados diseños y soluciones gráficas

¿Cómo valoras la comunicación del filme con un público internacional, tanto chico como adulto?

Cuando lo presentamos en el Festival de Gijón, en España, estábamos nerviosos. Yo pensaba que a lo mejor alguien del público se ofendía y formaba un lío y nos iban a colgar de los postes de la ciudad. Así que después de anunciar la película, bajé del palco y me metí entre el público, junto a los compañeros de la delegación. Ellos estaban encogidos en sus asientos, como el que espera un porrazo o algo. Pero empezó la proyección, el público a reírse y nosotros a relajarnos. Era emocionante ver como su respuesta era exacta a la del público cubano. Había muchos comentarios sobre las voces, reconocían regiones de España por el acento. Al final, aplaudieron hasta que se corrió las cortinas: ese fue el mejor premio para Elpidio, digo yo, con el público español.

En la Unión Soviética, los pioneros, siguiendo una traducción por micrófono, y para nuestro asombro, recibieron la película con gran entusiasmo: rieron y se alborotaron como si estuvieran en un cine en Cuba. Nosotros, que pensábamos que la traducción iba a “matar” el humor, nos asombramos. En la semana de Cine Cubano en México, la proyección con los niños fue también emocionante.

Sin darnos “coba”, creo que la película logró una comunicación con distintos públicos, y que sale del marco y la referencia “local” que tiene para nuestros espectadores. Esto, para nosotros, ha sido y es una satisfacción tremenda.

Si tuvieras que definir la clave del éxito de Elpidio Valdés (personaje y largometraje), ¿sobre qué base los harías? ¿Existe algún aspecto que consideras no logrado en el filme?

No sabría decir exactamente. En realidad para mí es un misterio el por qué un personaje que es una caricatura, un diseño humorístico, logra esa identificación con los niños que juegan a ser Elpidio Valdés. Nadie, cuando yo era niño, jugaba a ser el ratón Mickey o el Pato Donald. Se jugaba a ser como tal o cual personaje cuyo diseño era de figuras reales: el vaquero tal, el detective más cual, y así.

Quizás sea porque, aunque humorístico Elpidio tiene aventuras que puede correr un personaje figurativo. O quizás el éxito está en que es una aventura de acción, con personajes humorísticos… o mira tú a ver.

Muchos niños me han dicho que lo quieren porque es un mambí, porque es cubano y valiente, porque luchó por Cuba. Creo que el personaje está apoyado fuertemente porque refleja hechos históricos, porque encarna a los heroicos mambises y su “personalidad” criolla refleja nuestro modo de ser… en fin…

No logramos en el filme una definición más rica de los personajes mambises. A Palmiche, el caballo de Elpidio que es muy popular entre todos los niños, no se le supo sacar mejor partido. Tampoco supimos enriquecer momentos dramáticos en la actuación de los personajes. Si pudiéramos reharíamos muchas secuencias enteras.

¿Qué has realizado después de este esfuerzo maratónico? ¿Tienes algún otro largometraje en perspectiva?

Después del largometraje, he trabajado en otros guiones sobre pioneros de diferentes países: africanos, soviéticos, vietnamitas, cubanos… para una serie nueva.

Terminamos otros dos Elpidios cortos y preparamos una película de chistes sobre vampiros, marcianos, etc.

(Tomado de la Revista Cine Cubano, no. 98)