Fotograma del filme. Foto: Cortesía de la Cinemateca de Cuba

Fragmento del libro Contextos, conflictos y consumaciones. Análisis crítico del cine cubano entre 2000 y 2006

Mar, 04/06/2019 - 15:31

Los principales prejuicios ante el filme de Colina [Entre ciclones] se agrupan en dos bandos: quienes lo apostrofan en tanto comedia folclorista al uso, y los que le imputan al cineasta no reconocerse en la galería de personajes cínicos, escépticos y de escasa integridad moral. Pero no debe pedírsele a cada una de nuestras películas, creo yo, que atrapen en unas cuantas secuencias la cubanía inmanente, la inmensidad de tipos humanos con los cuales pueda identificarse cualquier espectador, y además, a la vista queda la evidencia respecto a la particularidad del registro cómico pulsado por Colina, mucho más cáustico y malicioso que la media de las comedias costumbristas cubanas. Desde su perspectiva a veces documental (tal vez se echa de menos una estética en la dirección de arte y en la fotografía más cercana al feísmo y a lo apocalíptico) y siempre participativa, enjuiciadora, el filme muestra un inframundo reconocible con solo caminar por ciertas calles centrohabaneras (el mundo de las novelas de Pedro Juan Gutiérrez), en contraste flagrante con el glamour de los hoteles, los centros nocturnos y las casas miramareñas que la película también muestra. Ese es el ambiente y la temática que el director quiso, y consiguió, atrapar en imágenes y sonido. Negar entre cubanos el ingenio y la minuciosa capacidad de observación del filme significa, de algún modo, recurrir al síndrome del avestruz, ignorar lo que resulta evidente con solo abrir los ojos y aguzar el oído.

Colina planta su cámara ante los tiempos malos, huracanados, e ilustra las concesiones, la desidia, la doble moral ambiente, los conflictos sociales, entre otros vórtices tanto o más peliagudos que los mencionados. Con semejante capacidad para ilustrar catástrofes, no es de extrañarse que en el rostro del espectador la risa provocada por algunas delirantes secuencias, se vea sustituida por una mueca de desconcierto, una suerte de sonrisa extraña que mucho lleva de condolencia y de solidaria preocupación. Después de todo, es un logro rayano en virtud saber “decepcionar” a todos esos que siempre esperan del cine cubano comedias asépticas, festinadas y melifluas.

El crítico cubano (que no todas fueran acusaciones infundadas de racismo y amargura “gratuita”) definió Entre ciclones con absoluta lucidez en la revista Ecos: “La imagen del ciudadano común convertido en una criatura vulnerable, que trata de sobrevivir desesperadamente en un ambiente hostil, viene del cine cubano de los noventa. Amor vertical y Lista de espera, por citar solo dos filmes precedentes, se hacen eco de la peor crisis de la historia cubana a través de una dramaturgia alienada y claustrofóbica, bajo la apariencia de farsa ligera. Lo que separa estos filmes de Entre ciclones es el tono de pesadilla que adquiere la historia de esta última. Las evoluciones del protagonista se hacen más caóticas y febriles a medida que avanza el relato, cuyas líneas narrativas se entrecruzan y convergen sugiriendo el inexorable, asfixiante diseño de una trampa. Sus intercambios con el resto de los personajes están marcados por una tensión apenas reprimida, acusan un toque incuestionablemente agresivo que imprime un matiz sombrío a las situaciones más hilarantes. (…) Hasta que al final, la influencia del hermano delincuente —cuya vindicación de una marginalidad ineluctable resulta sobrecogedora— logra imponerse en la incierta trayectoria del atribulado protagonista, devolviéndolo en peores condiciones al punto de partida”.

Del Río, J. (2008): Contextos, conflictos y consumaciones. Análisis crítico del cine cubano entre 2000 y 2006. Camagüey, Cuba: Editorial Ácana.