Santiago Álvarez con jóvenes directores

Gracias, Santiago

Vie, 05/06/2020 - 07:47

El Noticiero ICAIC Latinoamericano bajo su magisterio era un taller permanente de experimentación para el lenguaje cinematográfico: cambió la idea de referir trivialidades y hacer una suerte de nota ilustrada y se pasó a otro concepto, la recreación artística de la noticia y de la información; estoy hablando en términos dramatúrgicos.

Se trataba de otro concepto de la noticia y la información, susceptible de un tratamiento artístico y de toda una posible imaginería. La búsqueda de una comunicación trascendente, emocional, de la información. Hay un manejo dinámico del montaje, un uso altamente expresivo de las fotos, del archivo, de la reelaboración del material de archivo fílmico a partir de las posibilidades de la cámara de animación. Los operadores de esa cámara comienzan a plantearse desafíos que empiezan a retar la imaginación y el oficio de los especialistas que manejan la truca. Vamos a escuchar una rica elaboración de la banda sonora, con un sentido dramático.

Ya no se trata de que la gente “respire”, se entretenga. Es un valor dramático en sí mismo subrayando la tensión del drama, subrayando la ironía, la crítica o el necesario lirismo cuando sea el caso. Esto hizo que el Noticiero ICAIC Latinoamericano se convirtiera en una necesidad cultural y para lograr esa comunicación no renunció a la experimentación de su montaje, de sus estructuras, de su tono. Basó su lenguaje en la subversión de lo hecho con anterioridad.

Siempre la dirección fue de Santiago, no es casual que su intuición y experiencia insuflara aliento e influyera decisivamente en el cine documental cubano. El Noticiero ICAIC Latinoamericano hacía de una información un monotema que recreaba artísticamente, convirtiéndole con frecuencia en un documental. La escuela de cine documental cubana no apareció exenta de lucha, búsquedas, confrontaciones y polémicas. El cine cubano todo no solo es un movimiento de obras, sino también un movimiento de ideas desde un espectro de búsquedas muchas veces divergentes.

El cine documental es por definición un cine de autor y Santiago evidenció este principio a lo largo de toda su obra.

En el cine documental siempre se crea la expectativa de que lo que se está viendo “está sucediendo”. Es verdad. En la medida en que se interponen en la relación espectador-realidad mediaciones artificiales e impostaciones empieza a viciarse de esa relación, empieza hacer ineficaz la operación. Santiago siempre estuvo atento y celoso de esta idea.

La obra de Santiago es una muestra de la evidente influencia del Noticiero ICAIC Latinoamericano en el cine documental cubano y muchas de sus secuencias más famosas están resueltas con este uso audaz del montaje cinematográfico.

Otro aspecto que prevaleció en la vida del Noticiero ICAIC Latinoamericano y en la documentalística de Santiago fue la utilización del cine directo y en medida creciente las entrevistas con personajes documentales que cumplían funciones narrativas y que representaban un rescate de la obra popular, de su riqueza como expresión de la identidad como forma de comunicación y afirmación de la autenticidad.

Los cubanos vivíamos documentalmente, se respiraba el aire documental, la realidad no nos proponía otra cosa. Vivíamos una realidad documental.

Por definición Santiago fue un periodista cinematográfico y un poeta.

Lo que hemos llamado estética del contraste en Santiago tiene su expresión más común, más usual, en un recurso que él utiliza mucho en los documentales que le dieron fama internacional. El recurso es la antilogía (contradicción entre dos textos o expresiones): de uno a otro plano, de la imagen a la banda sonora, hay generalmente intereses comparativos que cuestionan por antilogía o ridiculizan, casi siempre por analogía una determinada actitud política.

Hasta aquí podría permitirme otros comentarios, otras reflexiones sobre el magisterio de Santiago sobre mi propia obra, sin embargo, considerándome parte del movimiento cinematográfico en el que Santiago dejó su impronta, es suficiente por el momento decir: ¡Gracias, Santiago!

(Tomado de revista Arte y compromiso: un siglo de Santiago Álvarez, 2019)