Ismael

Ismael Perdomo en un diciembre de In Memoriam

Mar, 15/12/2020 - 14:00

Para un periodista lo único malo de tener buenos amigos —y hablo de amigos positivos, polemistas, generosos y jodedores, como Ismael Perdomo— es que un día, a lo peor, te toca escribir una nota informando que se nos fue y nos dejó la soledad de recordarlo, para siempre, sonriente y generoso, hedonista y solícito.
Mucho antes de que fuéramos amigos, Perdomo devino presencia singular en el cine cubano, sobre todo en el ámbito del documental, aunque también hizo ficción, videos musicales y webseries. Primero, se convirtió en uno de los pocos cubanos con estudios superiores en el Instituto Estatal de Cine de Moscú (1989-1990). 

A principios de los años 90, en pleno periodo especial, Ismael se graduó también en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana, con diploma de oro y una tesis bajo la tutoría de Santiago Álvarez, convertido en su amigo y figura tutelar puesto que, entre 1995 y 1996, colaboró regularmente con el célebre documentalista cubano como asistente de dirección, y luego, entre 1997 y 1998, codirigió con Santiago tres documentales: Concierto Mayor, Concierto por la vida y La isla de la música

Fuera de la Oficina Santiago Álvarez, en el tercer piso del ICAIC, dirigió dos documentales: Noticiero ICAIC 1501 y La isla en peso. Paralelamente realizó varios cortos publicitarios, spots, clips musicales y asesoramiento de guiones y documentales. Luego de la muerte de Santiago Álvarez concluyó una trilogía sobre la música cubana con Para Bailar, La Habana y Que suene la timba

En 2000, realizó uno de sus mejores documentales, No me voy a defender, sobre el trovador Pedro Luis Ferrer, en el momento en que fue necesario colocar al músico en el lugar que realmente le pertenecía en las antologías de la música cubana. 

Al año siguiente terminó la serie Cuba por dentro, portada de la revista de televisión internacional Realscreen, con los documentales Almendrones, La Habana de los cincuenta, Yo soy el cimarrón y Un día después; y en 2004 realizó los documentales Obertura cubana y Documentos personales, que es otro de sus más significativos documentales. Mientras, desarrolló el guion y filmó en digital su único largo de ficción: Mata que Dios perdona, que cuenta lo que ocurre en 24 horas, de 1959, en la vida de dos mujeres y dos hombres, interpretados por Broselianda Hernández, Cheryl Zaldívar, Jorge Alí y Rafael Lahera.

El filme incursiona en un tipo de cine bastante raro en Cuba, el llamado género criminal, pues la trama está marcada por la violencia, la procacidad, el erotismo e incluso por la muerte provocada de un personaje, de modo que presenta una atmósfera epocal enrarecida y personajes colocados en situaciones existenciales extremas, al borde de la depresión extrema y el suicidio.

Fui a cubrir como periodista el rodaje de Mata que Dios perdona, y el director, más serio y circunspecto que nunca, respondió mis preguntas sobre los temas infrecuentes (la soledad, el miedo, la relación entre el sexo y la muerte) de esta película rara, y la relación con su obra anterior: realismo, la naturalidad de lo cotidiano, la gente normal hablando, bebiendo, traicionando, durmiendo. 

Cuando le pregunté por generalidades sobre el género o el estilo visual su película Perdomo me contestó: “Las cosas no son feas, duras o groseras, bellas o puras en sí mismas, sencillamente se muestran en el cine de manera hipócrita o sincera, y cada película está indisolublemente ligada a los motivos que impulsaron su realización, de modo que el estilo, o las soluciones estéticas, siempre debieran estar al mismo nivel que las circunstancias narradas. Si algo pudiera distinguir esta película es el hecho de que intenta valerse en su argumento de una relación tormentosa y obsesiva, de modo que la estructura y el argumento difieren de lo que usualmente se hace en Cuba”.

A los pocos meses, cuando se estrenó en el cine 23 y 12, acudí a ver la película terminada y escribí en Juventud Rebelde: “Para todos los interesados en las pulsaciones más atípicas del cine cubano, es importante ver Mata que Dios perdona, una película un tanto rústica y provocativa, pero que puede encontrar su público entre quienes disfrutan de llamar las cosas por su nombre a la hora de asumir dos de los grandes temas preferidos por el cine y las artes: el sexo y la muerte, aureolados por el pecado y la culpa, sin alivio ni redención. Porque a Ismael Perdomo no le interesan las mentiras edulcoradas ni los cuentos de hadas ni el cine tranquilizante y evasivo”.

Mata que Dios perdona fue apenas vista y mucho menos comentada por los medios, pero Ismael siguió trabajando, indetenible. Más tarde, dirigió la serie From Havana, de teleSUR, y las crónicas para el espacio No son tuits, son historias. También realizó las series documentales Cuba por dentro y Cuba, la Revolución, proyecto al que se dedicó febrilmente durante los últimos años de su vida. Porque Perdomo fue de los primeros cineastas cubanos que abandonó la vanidad de la salas enormes, y trabajó con aplicación en decenas de excelentes reportajes y documentales para internet.

Fue profesor de la Facultad de Comunicación, donde promovió la obra de Santiago Álvarez y el estudio a fondo del cine cubano en general, y además tuvo tiempo para colaborar con Canal Plus Francés, Canal Plus España, Documanía, Canal Mezzo, BBC, TF 1 y RAI, entre otras televisoras, de modo que sus documentales se han visto en más de 50 países. Ya es hora de que la obra de Perdomo se conozca y se disfrute en Cuba tanto como se conoce y disfruta a todo lo largo y ancho del mundo.

(Foto tomada de Cubadebate)