Manuel Herrera

La Cinemateca es un reducto de la cultura cinematográfica

18 February, 2020

Este año la Cinemateca de Cuba cumple su aniversario 60. Nuestro sitio conversó a propósito de tal fecha con el realizador Manuel Herrera, quien fuese director de la institución entre el 2006 y 2013.

¿Cómo recuerda esos años en los que dejó a un lado su quehacer como cineasta y se dedicó a la Cinemateca de Cuba?

En realidad nunca dejé de lado mi función como cineasta. Digamos más bien que la compartí. Tuve que apartarme de mis funciones como profesor en las escuelas de cine, en Cuba y en el exterior. Durante ese tiempo en la Cinemateca escribí un guion en colaboración con mi hijo Inti, titulado La última carta, aprobado por el ICAIC, pero que aún aguarda las posibilidades de presupuesto, y realicé cinco cortos documentales que me permitieron retomar una línea de cine de experimentación que había abandonado.  

Recuerdo esos años con agrado. La Cinemateca me permitió incursionar en el terreno de la promoción cultural, específicamente, cinematográfica, y valorar mucho más el trabajo de los promotores.

Recuerdo las celebraciones por el aniversario 40 de Memorias del subdesarrollo, Lucía y La primera carga al machete. Realizamos diversas actividades desde la mañana hasta culminar en la noche con la proyección de los filmes en 35 mm en el cine Chaplin que, para mi sorpresa, se colmó de un público joven ansioso de ver estos clásicos en su matriz verdadera: la pantalla cinematográfica.

Para muchos fue un descubrimiento. Estos eventos iban acompañados de un folleto de distribución gratuita que incluía una historia del proyecto y algunas valoraciones críticas que situaban a la obra en su contexto.

Fue muy importante también incluir en el registro Memoria del Mundo de la Unesco la colección del Noticiero ICAIC Latinoamericano, lo que contribuyó a obtener un contrato con el INA de Francia para su reconstrucción y conservación.

Rescatamos también las semanas de cine español que por discrepancias políticas con ese país se encontraban estancadas. Se liberalizó el criterio de proyección de obras importantes del cine mundial, aunque no estuvieran acordes con nuestra ideología, como Doctor Zhivago y Ninotchka. 

No obstante, para mí el evento más importante en todo el tiempo que estuve en la Cinemateca fue la celebración del aniversario 50 del ICAIC con un ciclo de conferencias y películas. Se exhibieron todas las películas de ficción, documentales y noticieros producidos por el ICAIC desde su fundación, incluso las que, por una u otra razón, estaban prohibidas.

Solo quedaron excluidas las que por razones técnicas no podían pasar por el proyector, como mi largo documental Hombres de mar. Por primera vez, después de muchos años, las obras de Nicolás Guillén Landrián volvieron a salir a la luz.  

Fueron muchos los eventos, charlas, conferencias y exposiciones realizados. Llegamos a realizar una exposición de temática cinematográfica mensual, con la curaduría de Alicia García, como la dedicada al actor Adolfo Llauradó, Universo de un actor, y las dedicadas a los premios nacionales de cine.

Fueron muchas las preocupaciones como para no pensar como cineasta, pero a pesar de todo, pensaba.

¿Quiénes compartieron el trabajo con usted? ¿Cómo los recuerda? ¿Qué aprendió de cada uno de ellos?

Fueron muchos los compañeros y mencionarlos es correr el riesgo de ser injustos. Si algo tienen los hombres y mujeres de la Cinemateca es su vocación por el trabajo. Allí se podía encontrar gente trabajando a cualquier hora del día o la noche porque, entre otras cosas, solo teníamos tres computadoras para 14 analistas y era necesario repartirse los turnos. La Cinemateca nunca incumplió ninguno de sus compromisos en tiempo y forma, aunque conllevara mucho trabajo, como la preparación de la papelería para optar por el Registro Memoria del Mundo, dirigida por Lola Calviño, vicedirectora de la Cinemateca.

Fueron excelentes compañeros y a todos los llevo dentro de mi corazón, porque de todos algo aprendí; pero quisiera traer de la memoria dos nombres que los simbolizan a todos: María Eulalia Douglas (Mayuya), recientemente fallecida, quien desde los inicios constituyó una figura clave por su profundidad en las investigaciones dedicadas al cine cubano; y Oscar Ruiz de la Tejera, arquitecto de una obra extensa y extraordinaria en la construcción de cines y que estuvo con nosotros haciendo proyectos de pequeñas salas de cinemateca o tratando de conseguir el espacio ideal para el Museo del Cine. Valga el proyecto que diseñó para convertir el cine 23 y 12 en tres salas de cine y que espero algún día pueda realizarse. Honor a sus memorias.

¿Qué le aportaron a su carrera como cineasta los años como director de la Cinemateca?

Como dije, la apreciación cercana de la importancia del promotor cultural, el necesario trabajo de organización diferente al del director de cine y, sobre todo, la obligación de ver todo o casi todo lo que pasaba por las pantallas del Chaplin.

También me aportaron la necesaria actualización en distintas corrientes del momento, como la brindada por las diferentes semanas de cine internacional ventana imprescindible que mantiene al espectador actualizado en lo que sucede en el mundo, los eventos como el Festival de Cine Francés, de cine belga, holandés, alemán… En fin, un notable esfuerzo de actualización liderado por Tony Mazón y su enorme capacidad para programar las funciones. Y la absoluta conciencia de que la Cinemateca no se puede dirigir si no se conoce el cine en cualquiera de sus campos, o al menos ser su fan.

¿Cuál cree que sea el legado de la Cinemateca de Cuba en el contexto cultural del propio ICAIC y en el ámbito del audiovisual cubano?

La existencia de la Cinemateca es extraordinariamente importante para la formación del espectador, especialmente de los cineastas y para su actualización. En otras oportunidades he hablado de la importancia que tuvo en mi formación, los ciclos bien pensados que la Cinemateca nos brindaba.

Su incidencia en la apreciación cinematográfica es de primer orden, sobre todo en estos tiempos en que influidos por “el paquete” (curiosamente en mi pueblo llamamos “paquete” a las malas películas) y la divulgación de subproductos cinematográficos por la televisión han dado al traste con la política de apreciación desarrollada por el ICAIC en otros tiempos.

La Cinemateca es un reducto de la cultura cinematográfica que es necesario conservar para la formación general y de los estudiantes de cine en particular, que significativamente son los que menos asisten a ella. La Cinemateca es un instrumento formativo de primer orden, pero es necesario acercarse a ella y borrar ese criterio de que es el cine donde se exhiben “películas viejas”.

¿Cuáles son, a su consideración, los tres momentos más importantes de esta institución cultural?

No soy historiador y, por tanto, puedo equivocarme. Pero puesto a escoger los tres momentos más importantes diría que:

- Su fundación en 1960, que dotó al país de un organismo de recuperación de toda su memoria fílmica.

- La desaparición física de su director fundador Héctor García Mesa, que privó a la Cinemateca de su extraordinaria dirección y que nos obligó a quienes llegamos detrás a sobrepasar un nivel muy alto.

- El congreso de la FIAF (Federación Internacional de Archivos Fílmicos) celebrado en La Habana en 1990 (si no me falla la memoria), que nos colocó en el mapa mundial de archivos fílmicos y nos entregó la vicepresidencia para América Latina de esa institución.

¿Qué le queda pendiente a la Cinemateca en función de promover y salvaguardar el cine cubano?

Queda mucho pendiente en este y otros terrenos, sobre todo considerar, como la FIAF, que patrimonio fílmico es todo lo filmado en un país independiente de su calidad y no una escueta lista de 144 títulos cubanos, que ofrece grandes lagunas. Es necesario recuperar todo y recuperarlo en su formato original de cine.  

Es necesario crear una sala de Cinemateca en cada provincia y no una función semanal, solo así se colocará en su justa dimensión. Esto es algo que no pude lograr y una frustración que me llevé junto con la creación de un boletín digital que divulgue los trabajos e investigaciones y que visibilice el quehacer de la Cinemateca.

Terminar de crear el Museo del Cine, como un proyecto interactivo.

Lograr un máximo de calidad técnica en las proyecciones. La Cinemateca es un museo donde se aprecian obras de arte y estas deben ser vistas en su máxima calidad técnica.

Acercar, aún más, a los jóvenes para devolverle el carácter de centro cultural.

Acelerar la digitalización de todos los fondos de Cinemateca y organizarla bajo líneas modernas de organización y dirección del trabajo, con especial énfasis en el mundo digital. En fin, son muchas las cosas y largo el camino.

Durante más de cuarenta años la cinemateca fue una de las instituciones culturales más sólidas del país y dentro del sistema ICAIC, de las más prestigiosas. Su trabajo la convirtió en uno de los miembros más influentes en la FIAF, donde Héctor García Mesa ocupó la vicepresidencia por Latinoamérica. En 1990 murió su director-fundador y comenzó la mayor crisis económica a la que se ha enfrentado nuestro país y que necesariamente repercutió en las actividades de la Cinemateca y, sobre todo, en su archivo fílmico y fotográfico que, como medida de emergencia, fue transferido a la productora propietaria de los derechos de los negativos.

Es hora de que la Cinemateca recupere estos archivos que son su razón de ser. No se concibe una Cinemateca sin archivos fílmicos (no solo digitales) para la conservación del cine nacional e internacional. Recuperar estos archivos y restaurar lo que queda de su fondo original es tarea de primer orden.