Falsos famosos

La edad de la impostura

Mié, 11/10/2021

“Disfruta tus cinco minutos de fama” reza una conocida frase, pero una de las peculiaridades de esta época es que muchos no se conforman con tan escaso tiempo: quieren tener esa fama en todo momento, para siempre, y lo “mejor” es que no de la manera habitual ―por méritos artísticos, deportivos, políticos…―, sino por la cantidad de likes (me gusta) y comentarios en sus redes sociales.

Sobre esta especie de fiebre discursa el periodista Nick Bilton, reportero de The New York Times y autor de Bits ―blog de referencia a nivel mundial en el ámbito tecnológico―, así como responsable del laboratorio que tiene el mismo periódico dedicado a la investigación y al desarrollo de nuevas tecnologías. Bilton escribió, produjo y dirigió para HBO el filme que estrenara recientemente el espacio televisivo Pantalla documental, Fake Famous (Falsos famosos), un intento por comprobar si tres seres anónimos pueden llegar a ser estrellas de Instagram siguiendo el juego que propone el sistema: alcanzar la cima de la popularidad y la aceptación mediante la endeble pared que aquel ha levantado mediante internet.

El realizador y sus colaboradores reflexionan sobre el hecho partiendo de un casting en Los Ángeles, que persigue convertir a tres desconocidos en influencers, o sea, en personas cuyos criterios, actividades y modos de vida ―todo compartido en las redes― devienen “tendencia” y les granjean innúmeras visitas y comentarios. Una aspirante a actriz, un diseñador de moda y un asesor inmobiliario asistirán a la paulatina transformación de sus vidas a medida que sus falsos seguidores (comprados) aumentan por día.

Sus experiencias, que documenta paso a paso la escrutadora cámara de Bilton, r/develan un mundo artificial erigido sobre la fragilidad “online”, los bots (códigos diseñados para imitar o sustituir el accionar humano que operan de forma automatizada, por lo que pueden trabajar mucho más rápido que una persona) y la realidad virtual, que no va más allá, generalmente, de la mitomanía y la impostura.

Ese universo apócrifo y alternativo trasunta la vacuidad de muchos jóvenes que, ante la dureza de la vida, no reaccionan como Dios manda ―luchando, tratando de doblegar las dificultades, imponiéndose con esfuerzo y voluntad― , sino con (auto)engaños y manipulación, en lo que tampoco están solos: se trata de un lucrativo negocio, pues los nuevos influencers son contactados por empresas que les ofrecen productos gratuitos, mientras los más exitosos reciben auténticas fortunas por hacer publicidad en su plataforma.

Incluso si lo espurio caracteriza los performances y puestas en escena ―literalmente, como demuestran muchas escenas del filme―, los incentivos financieros sí son muy reales y se traducen en jugosas ganancias. Aun así, la mayoría de los personajes involucrados en el curioso experimento que lleva a cabo el documentalista en su ópera prima termina por rechazar el fraude, al comprobar que no llena la necesidad espiritual de sus vidas, las cuales siguen tanto o más vacías que antes de la “fama y los aplausos”.

Con humor, dinámica fílmica y un eficaz montaje que ensarta con gracia y precisión caracteres y circunstancias, entrevistas y peripecias, consideraciones de los protagonistas y de expertos o las del propio cineasta debutante, Falsos famosos ―realmente una entrada aplaudible para su autor en el mundo de la imagen móvil― pone el dedo en más de una llaga supurante de la sociedad contemporánea, tratando de inyectar, desde el poder del cine, un poco de humedad a esta árida época que recuerda lo dicho por Martí (aunque hoy se hubiera sorprendido de la involución) hablando de la suya: “¡La edad es esta de los labios secos!/ ¡De las noches sin sueño! ¡De la vida/ Estrujada en agraz!/¿ Qué es lo que falta/ que la ventura falta?”.