COLUMNA
Antonio Mazón Robau
Nomadland

La sutileza y el Óscar

Mié, 02/17/2021

No hay nada más difícil para un actor que ser él mismo ante las cámaras. Comportarse con absoluta naturalidad es un privilegio, es un don reservado solo para los elegidos. El filme Nomadland (2020) presenta a su intérprete, Frances McDormand, en estado de gracia. Siempre he seguido de cerca a esta extraordinaria actriz, quien nunca se ha creído una estrella y que cuando la conocí en La Habana, con una sonrisa muy ingeniosa, me dijo que ella creía que tenía condiciones para la comedia, pero ningún director le proponía una. En ese sentido, Nomadland tampoco cumple ese viejo sueño, pero no importa, ya llegará. Creo que su actuación aquí es tan impecable que podría ganar su tercer Oscar después de Fargo y Three Billboards Outside Ebbing, Missouri.

Pero Nomadland, al margen de la actuación de McDormand y de todos, absolutamente todos, en el elenco, no es simplemente una obra que destaque por su nivel interpretativo. Estamos en presencia de un relato de marcada sutileza, resultado de un buen guion que se desmarca de los lugares comunes posibles y desgrana con suavidad y tomándose su tiempo, pero sin aburrir ni un momento, un relato de amistad y compañía acerca de un grupo de personas trabajadoras que simplemente quieren vivir sintiéndose libres, deambular por los caminos y a veces encontrarse en los márgenes de alguna carretera que parece no tener fin. Son nómadas que no huyen de la justicia o intentan vivir a costa de otros. Son personas sencillas que se sienten felices juntos y se automarginan de una sociedad con la que no comparten criterios de vida.

Una edición con las secuencias precisas, y la fotografía a cargo de Joshua James Richards con el predominio de imágenes en primer plano en función del trabajo del reparto o de planos generales para reflejar los grandes espacios, así como la hermosa partitura compuesta por Ludovico Einaudi, son algunas de las características de este filme, que si intentara resumirse de modo breve podría decirse que a la sutileza mencionada debe agregarse su sobriedad narrativa.

Es un verdadero gusto encontrarse con un filme como Nomadland, personal y original, y a la vez con una mirada social no afectada por discursos de ninguna índole, y un material que respira autenticidad, en medio de un panorama tan desolador como el del cine norteamericano del pasado 2020. En la búsqueda de la referida autenticidad, la directora Zhao filmó la película durante cuatro meses en la carretera, utilizando a trabajadores nómadas que luego aparecerán en el filme con sus nombres verdaderos. Todo ello le proporciona al conjunto un estilo semidocumental muy apreciable. 

Chloé Zhao nació en Pekín en 1982, pero toda su carrera cinematográfica la ha hecho en los Estados Unidos. Su primer trabajo fue el cortometraje Post (2008). Un corto posterior, Daughters (2010), recibió varios premios. Debutó en el largometraje con Songs My Brothers Taught Me (2015) y luego rodó The Rider (2017), dos filmes receptores de buenas críticas que han tenido mucha resonancia en los circuitos del cine independiente estadounidense. Nomadland, su tercer filme, escrito, editado y dirigido por ella a partir de una novela de Jessica Bruder, ganó nada menos que el León de Oro en el Festival de Venecia y el premio del público en el Festival de Toronto, además de otras 94 distinciones concedidas por festivales o asociaciones de críticos, entre ellas la Sociedad Nacional de Críticos de Cine de Estados Unidos, que le otorgó los premios a mejor filme, dirección, actriz principal y fotografía. 

Esperemos que los miembros de la Academia también la tengan en cuenta a la hora de dar sus más altas recompensas este año. Se las merece.

(Tomado de Cartelera Cine y Video, no. 183)