Elpidio Valdés

Recorrido mítico de un héroe consumado: Elpidio Valdés

Lun, 17/08/2020 - 08:00

En 1949, dos años después de que naciera en Matanzas Juan Padrón, fue publicado en Estados Unidos El héroe de las mil caras, un libro escrito por el mitólogo, escritor y profesor estadounidense Joseph Campbell en torno a temas como el recorrido del héroe, en tanto patrón narrativo presente en una gran parte de los mitos, las historias y leyendas populares, luego adaptadas a la literatura, el teatro y el cine, sobre todo en los géneros épicos y de aventuras. Según Campbell, el héroe suele pasar a través de etapas o ciclos similares, en tanto este protagonista se integra a mitologías encaminadas a representar algunos dilemas de la especie. Tales conceptos del héroe mitológico resultan perfectamente aplicables al universo narrativo de la serie Elpidio Valdés, aunque resulten mucho más conocidas las extrapolaciones de Campbell al universo de La guerra de las galaxias, Matrix, Batman, e Indiana Jones.

Aficionado desde siempre al cine del oeste, épico y de aventuras, Juan Padrón le insufla sus referentes culturales a Elpidio Valdés, imaginario mambí devenido mito popular desde los años setenta y ochenta. Así, uno de los creadores más importantes en la animación cubana le confería al cine nacional un héroe consumado, popular y mítico, colofón de búsquedas similares a través de los protagonistas de Aventuras de Juan Quin Quin (1968), El hombre de Maisinicú (1973) y El brigadista (1977), tres referentes indispensables en la conformación de un héroe cinematográfico eminentemente cubano.

Es fácil percibir que algunas de las jornadas fundamentales definidas por Joseph Campbell en El héroe de las mil caras, se aplican perfectamente a las peripecias emprendidas por el más popular héroe en la historia del cine cubano. Para convertirse en insurrecto, Elpidio también avanza voluntariamente lejos del hogar (mundo ordinario) y se interna en un mundo lleno de amenazas y pruebas, tal y como se cuenta en el primer largometraje de la serie (Elpidio Valdés, 1979), cuya acción ocurre en 1895, cuando el protagonista es un joven criollo, perteneciente a una familia independentista, y conspira para alzarse en armas contra el poder colonial (el llamado de la aventura). Los españoles, y sus lacayos criollos voluntarios, están avisados y harán todo lo posible por impedir el alzamiento, y para ello deben atrapar a los líderes de la insurrección: la familia Valdés.

De modo que, según Campbell, cuyo libro ha sido fundamental en el análisis de centenares de relatos, literarios o cinematográficos, la etapa en que Elpidio y su familia están asediados por el ejército colonial y los voluntarios sería la correspondiente al momento en que el héroe debe cruzar el umbral donde encuentra una sombra, o varias, que se le oponen y a la cuales debe derrotar. Y si bien las primeras etapas del recorrido del héroe se bosquejan en aquel primer largometraje de la serie, los cortometrajes iniciales ya muestran al héroe en una de las etapas siguientes definidas por Campbell: resolución de pruebas, en ocasiones con la ayuda de auxiliares o la guía de un mentor. Así ocurre en el primer corto de la serie Una aventura de Elpidio Valdés (1974) que cuenta el rescate del caballo Palmiche, capturado por los españoles; El machete (1975), donde se cuenta la historia del machete como instrumento de trabajo e imprescindible auxiliar, como arma de combate, para lograr la independencia. Auxiliares y oponentes aparecen nítidamente definidos en Elpidio Valdés contra el tren militar (1974), Elpidio Valdés asalta el convoy (1976) y Elpidio Valdés contra la cañonera (1980).

Una singularidad presenta Elpidio Valdés contra la policía de Nueva York (1976), puesto que incluye, por primera vez, entre las sombras opuestas al recorrido del héroe, no solo al ejército español sino también a las autoridades norteamericanas. Una línea similar se explota en el largometraje Elpidio Valdés contra dólar y cañón (1983), y también en la serie Más se perdió en Cuba (1995) y en su versión fílmica Elpidio Valdés contra el águila y el león (1996) las aventuras del coronel del Ejército Libertador se distinguen por la presencia de oponentes norteamericanos, como los hermanos Chains, quienes se suman, en las filas enemigas de sombras, a Resoplez y sus auxiliares hispanos y a los grupos de traidores mercenarios. En Elpidio Valdés contra el fortín de hierro (2000) las tropas españolas defienden el ingenio de MrChains desde el interior de un tanque de agua utilizado como fortín, y Elpidio tendrá que encontrar una solución para que se rindan.

Uno de los primeros cortometrajes presenta la siguiente fase de “El recorrido del héroe”, es decir, una prueba suprema con la posterior recompensa; sería Elpidio Valdés está rodeado (1977), donde el mambí logra burlar el cerco de las tropas españolas, y así se establece la imposibilidad de derrotar a un héroe cuya mayor y única recompensa es la libertad. También supremas son las pruebas a las que se enfrenta el héroe en Elpidio Valdés contra los rayadillos (1978) porque el mambí está débil recuperándose de varias heridas cuando es atacado por los mercenarios, y en Elpidio Valdés fuerza la trocha (1978), en el cual se confunden ingeniosamente, en el sistema mitológico labrado por Juan Padrón, circunstancias históricas reales (el traspaso de las trochas españolas por parte del ejército invasor independentista) con las leyendas populares que suelen alimentar la imaginación fabuladora de cualquier pueblo.

Pero la etapa mencionada, donde se presenta al héroe una prueba suprema con la posterior recompensa, aparece también en el largometraje Elpidio Valdés contra dólar y cañón (1983), cuyo argumento gira en torno a la peligrosa misión de traer un cargamento de armas desde la Florida hasta el Ejército Libertador. En Elpidio Valdés se casa (1991) la boda con María Silvia es premio merecido luego de que allanen las dificultades interpuestas por los españoles. Debe decirse que la línea argumental que incluye tentativa heroica y ulterior recompensa se relaciona no solo con el personaje protagónico y sus consabidos auxiliares. En Elpidio Valdés y el fusil (1979) el coronel del Ejército Libertador pasa a ocupar las funciones de narrador, ocupado solamente en revestir, con la magia de un buen relator, la historia de aquel joven mambí cuyo esfuerzo y pericia con un rifle anticuado le gana la recompensa de un fusil moderno.

A todo lo largo de estas pruebas, Elpidio encuentra aliados, confronta enemigos, y tiene éxitos, de modo que las hazañas serán cada vez mayores, en tamaño proporcional al valor del héroe. Entre los aliados, o auxiliares del escuadrón de caballería mambí, están María Silvia, Pepito El Corneta, Eutelia, Oliverio, Marcial, y el caballo Palmiche, además del perro Fito, encargado de buscar ayuda en Elpidio conoce a Fito (1992). El auxilio a los mambises también proviene, por ejemplo, de expedicionarios internacionalistas, que han traído municiones y colaboran como artilleros (Elpidio Valdés ataca a Jutía Dulce, 1988). A veces se generan conflictos, con finalidad humorística, entre estos aliados o auxiliares, como ocurre en Elpidio Valdés y los inventores (1992), en el cual Eutelia siente admiración por Oliverio, el famoso inventor mambí, y a Pepito El Corneta lo atacan los celos y se propone crear también inventos que impresionen a la mambisita.

En la serie Más se perdió en Cuba (1995) se asientan con claridad las primeras etapas de “El recorrido del héroe”, asociadas a la historia nacional entre 1898 y 1933, pues se presenta a Elpidio Valdés hijo en compañía de su padre, Coronel del Ejército Libertador, quien ejercerá una función de mentor en la continuidad de la lucha por la verdadera independencia. En los tres largometrajes Elpidio Valdés, Elpidio Valdés contra dólar y cañón y Contra el águila y el león, el héroe mítico está presentado, tal y como lo definió Campbell, en tres sentidos fundamentales: motor del avance del espíritu humano, constante unión con una fuente de poder (que no es algo divino, sino el deseo de independencia de los cubanos) y emblema de la bondad, la justicia y la belleza, entendida esta última más bien como una conjunción de la gracia criolla y de lo bello útil.

Hacia el final de muchos episodios, cortos o largos, el héroe emprenderá el regreso a su manigua, a su tropa, eterno fugitivo de las huestes españolas. Por eso es que el epílogo de cada aventura anuncia un regreso a próximas peripecias, y triunfos, con aquel “Eso habría que verlo, compay”, que le dice Elpidio a la cámara, a los espectadores, luego de que los españoles prometan convertirlo en puré de talco en el próximo episodio. Porque los héroes siempre regresan, siempre triunfales, siempre irredentos, y Juan Padrón o Joseph Campbell lo sabían de sobra.

(Tomado de La Jiribilla, no. 874)