COLUMNA
Antonio Mazón Robau
Boardwalk

Series de autor

Lun, 08/10/2020

                                                                                                    Para Mario Espinosa, Gerardo Chijona y Arístides O’Farrill

Hollywood ha cambiado mucho en los últimos años. Hoy, según la reputada revista The Economist, se producen filmes para determinados mercados, es decir, se piensa en la producción de una película interpretada por determinada estrella en función de un complicado juego, según el cual se calcula que va a ocasionar grandes dividendos en determinada zona del mundo.

Cero comedias o casi ninguna, remakes, filmes de acción y efectos especiales, traslación de cómics a la pantalla, secuelas infinitas… Woody Allen, Coppola y otros grandes directores, desplazados a otras capitales dispuestas a recibir sus filmes con más entusiasmo que californianos o neoyorquinos. ¿Adónde fue a parar aquel tipo de filme de los 80 y 90 de corte crítico o satírico, aquellas comedias, dramas y thrillers de notable factura, a medio camino entre el gusto del público y el sello artístico de sus creadores?

Y en este panorama aparecen con una fuerza inesperada las series de televisión, que para muchos especialistas (entre los que me incluyo), constituye hoy el mejor producto audiovisual que se hace en Norteamérica.

Desde el cine silente existen los seriales (de continuidad) y las series (capítulos autónomos). Con el tiempo, las fronteras de esos conceptos se diluyeron y hoy se acepta en general el término “serie”. En la televisión norteamericana siempre hubo series (como Perry Mason); los seriales eran más comunes en los cines. Más tarde, hace algunas décadas, hubo títulos muy populares como Dinasty o Dallas, pero la verdadera explosión de producción y difusión se produjo a finales de los 90 y comienzos del actual siglo con Los Soprano (1999, 6 temporadas) y 24 Horas (2001, 9 temporadas), entre otras.

El indudable atractivo para el público de este formato —patrocinado por exitosas cadenas como HBO o Netflix—, sumado a la presencia cada vez mayor de estrellas cinematográficas y al interés que ha suscitado en numerosos cineastas y productores, ha traído como consecuencia la aparición de centenares de series anuales, no solo en los Estados Unidos, sino en países como Turquía, Dinamarca, Suecia, Francia, España, Reino Unido o Corea del Sur.

Creo que se hace evidente que algunos de los mejores talentos del cine estadounidense se han pasado para las series y miniseries de televisión, y entre ellos destacan de manera muy pronunciada importantes guionistas y realizadores como Martin Scorsese (Boardwalk Empire, 2010, 5 temporadas), David Lynch (Twin Peaks, 1990, 3 temporadas) y David Fincher (House of Cards, 2013, 7 temporadas). A esto debe sumarse, entre otros ejemplos, la celebrada miniserie bélica de Steven Spielberg, Band of Brothers (2001), por lo que cabe afirmar que cada vez más se hace imprescindible dominar el mundo de estas series de autor si se quiere conocer la filmografía y el quehacer artístico de grandes creadores.

Claro que en este profuso panorama de las series hay mucho material de consumo estereotipado que solo busca conectar con el público sin otra pretensión. Y se da con frecuencia la aparición de una nueva serie con un planteamiento original cuyo interés se agota en su primera temporada, como fue el caso de Prison Break (2005). Por otra parte, hay obras que trascienden fronteras y acaparan la atención del espectador global, como Juego de Tronos (2011, 8 temporadas), Grey’s Anatomy (2005, 16 temporadas) o La casa de papel (2017, 4 temporadas).

En este apretado resumen no pueden dejar de mencionarse algunos otros títulos que por su originalidad han marcado pautas: Breaking Bad (2008, 5 temporadas), The Wire (2002, 5 temporadas), True Detective (2014, 3 temporadas) y Mad Men (2007, 7 temporadas), entre otras, sin olvidar las formidables series históricas británicas Downton Abbey (2010, 6 temporadas) y The Crown (2018, 3 temporadas), y, especialmente, las extraordinarias series nórdicas Borgen (2010), Bron / Broen (2011) y Forbrydelsen (2007), algunas de ellas objeto de remakes norteamericanos. Las series han llegado para quedarse, y han devenido el entretenimiento predilecto de muchos espectadores en el mundo.

(Tomado de Cartelera Cine y Video, no. 176)

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