Alice Junior

Transbrasil

Mar, 09/21/2021

Alice Júnior trae un tema, dentro de los relacionados con la diversidad sexual, generador de intensas polémicas internacionales de las que, por supuesto, no escapa nuestro país, abocado a un cambio en el código de familia donde se incluyan los derechos de las identidades no heteronormativas. En el caso del filme realizado en 2019 por el brasileño Gil Baroni, disponible en la famosa plataforma de distribución Netflix, que como sabemos tanto apoyo está dando al cine de la región, se trata de una adolescente transexual de activa participación en las redes, quien debe salir de su entorno capitalino para irse por un tiempo a un pueblo perdido debido a las investigaciones de su padre, biólogo especializado en la flora, y viudo, con el cual vive.

Lejos de las lecturas unidireccionales y derrotistas en torno al sujeto trans que el cine contemporáneo suele dar, independientemente de su alcance (como la reciente producción belga, también estrenada en la televisión cubana, Girl), Alice Júnior ofrece una mirada optimista, literalmente coloreada y positiva sobre el complejo tema, que ha recibido el general beneplácito de la propia comunidad LGTB en Brasil y en otros países donde el filme ha sido visto, así como de espectadores de cualquier tendencia, pero estudiosos o simplemente interesados en el tema.

Es cierto que la realidad de la mayoría de las personas trans en América Latina y el mundo dista de ser idílica: muchas no terminan sus estudios elementales, ejercen la prostitución como única vía de sustento ante las trabas laborales y sufren constantes asedios policiales y sociales, pero también era necesaria una versión fresca, cargada de energía y confianza en el futuro, que, además, mérito indiscutible de la cinta, se concentra menos en los meandros del hecho en sí, ya bastante divulgado y conocido (el derecho a la reasignación del cuerpo correspondiente al verdadero género), que en otros aspectos, si bien relacionados con este, más generales.

Entre estos, la inserción en un nuevo entorno, en este caso estudiantil, donde el bullying y la homofobia, provocados en primer lugar por la rígida directora, imperan; la búsqueda adolescente del amor, que comienza por el primer beso, y puede venir de la persona menos esperada; el derecho inalienable a decidir sobre el cuerpo propio, además de la relación con los otros, pertenecientes a diversas generaciones, formaciones e identidades, donde, incluso dentro de la propia aceptación de la diversidad, existen prejuicios de transfobia y segregación. 

El director Baroni (El amor de Catarina, Cantoras do radio y otros títulos) elige esta vez una morfología donde se privilegian los efectos lumínicos y animados que remiten al Internet y a las nuevas tecnologías digitales, caras a la estética millennium, generación a la que pertenecen la protagonista y otros personajes; música consumida por esas edades en Brasil, como el funk carioca, sertanejo, regué, pop, el pasinho y otros, conforman la muy ilustrativa y eficaz banda sonora. Un montaje ágil, fluido, y unas actuaciones muy en consonancia con el tono lúdico del relato (Anne Celestino, Enmanuel Roset, Antonia Montemezzo, Igor Augusto, et al.) hacen el resto, dentro de un filme donde la sencillez y la ligereza no deben confundirse con lo superficial o frívolo. 

Todo lo contrario: debajo de esa envoltura un tanto efectista y burbujeante, Alice Júnior invita a reflexionar en torno a derechos, inicios, búsquedas, relaciones, algo que viene muy bien en nuestro aquí y ahora, dentro de las luchas por una sociedad más inclusiva y justa.

(Tomado de Cartelera Cine y Video, nro. 190)