Burning

Triángulo de resentimiento, infortunio y piromanía

Lun, 12/10/2020 - 08:00

Los espectadores que adoren los thrillers con mensaje, estructurados a partir de personajes obsesivos y sin salida, en un contexto social contemplado desde el realismo y la crítica, son proclives a disfrutar Ardiente (Burning, 2018), el más reciente fime del maestro coreano Lee Chang-dong. Luego del prestigio conquistado con las anteriores Caramelo de menta (2000), Oasis (2002) y Poesía (2010), el cineasta regresa al ruedo tras ocho años sin nuevos títulos para el cine. Le vino muy bien la pausa, porque estamos delante de una las mejores
películas coreanas vistas en Cuba recientemente.

Graduado en filología en 1980, y devenido novelista a partir de Chonri (1983), Chang-dong decidió volver al cine
adaptando un relato corto del escritor japonés Haruki Murakami, muy enfocado en conceptos como la alienación y la soledad, lo real y lo onírico, a partir de asimilar la influencia de escritores como Raymond Carver o Scott Fitzgerald. El influjo de este último, autor de El gran Gatsby, se percibe discretamente sobre Burning, a partir de la relación triangular entre tres jóvenes amigos: una muchacha sensitiva, un joven pobre y resentido, y un potentado que aprovechó todas las oportunidades.

El título, que puede significar “incendio”, “ardiente” o “quemante”, se refire tanto a la angustia del joven pobre, que padece un amor obsesivo y herido, como a las incandescentes frustraciones y resentimientos que despierta la búsqueda de la muchacha, desaparecida en cierto momento de la trama. El protagonista, Jong-su, el joven pobre, quiere ser escritor, admira a autores norteamericanos como William Faulkner y Scott Fitzgerald, y su padre es un granjero, veterano del ejército, que guarda una impresionante colección de cuchillos.

Incluso Jong-su (excelente Yoo Ha-in en este papel) le dice en un momento a la muchacha, Hae-mi: “Hay tantos Gatsby en Corea”, y se refire a su antiguo amigo Ben, devenido magnate. Y si el prepotente y sociópata Ben es Gatsby, entonces Jongsu viene a ser Nick Carraway y Hae-mi sería Daisy. Vale aclarar que la tensión entre los tres personajes, en el fime coreano, abandona en un punto el triángulo estilo El gran Gastby para derivar hacia otras reflexiones y sugerencias.

Pero la estructura y el suspenso del thriller psicológico, basado en el enigma de la desaparición de la muchacha y su búsqueda, cede el paso a la identifiación de dos países dentro de uno. Porque en algún momento salta a la vista que la caracterización de los dos amigos varones porta cierto simbolismo en tanto cada uno representa a uno de los dos países en que se divide Corea del Sur: uno rico, altanero, urbano, utilitario
y consumista, el otro menesteroso, aislado, rural, iracundo y marginal.

Un año antes del merecido triunfo de Parásitos, dentro y fuera de Corea del Sur, el cine de ese país abordaba las traumáticas barreras clasistas a través de este fime contado con sagacidad y hermosamente fimado, una producción que sabe aprovechar lo genérico para consagrarse al lirismo de matriz más o menos onírica sin derivar en pedanterías ni digresiones.

Burning porta una visión mucho más enrarecida, lúgubre y darwinista que la transparencia apabullante, en blanco y negro, de la también estremecedora Parásitos. Y si bien en este último fime se exhibe con grandilocuencia el origen de la violencia y el caos, en Burning la sensación de alarma y sospecha está distribuida a lo largo de toda la trama, sin que el espectador pueda precisar con exactitud de dónde proviene. Y tal ambigüedad es un logro antes reservado, en exclusiva, a creadores como Hitchcock y Buñuel.

(Tomado de Cartelera Cine y Video, no. 179)