Durante la realización de la mesa en el CCC Fresa y Chocolate. Foto del autor

Un oficio crónico: quehacer de Guillermo Cabrera Infante

Lun, 08/04/2019 - 14:05

El hecho de que dos espacios generados desde la Muestra Joven ICAIC 2019 se hayan dedicado a las figuras de Santiago Álvarez y Guillermo Cabrera Infante, confirma el legado de estos creadores para las jóvenes generaciones. Referir sobre Cabrera Infante requiere siempre deslindar un poco sus múltiples facetas.

Una de ellas, la de crítico, fue el punto de partida para una mesa donde participaron personas que lo conocieron y trabajaron con él (Anton Arrufat), que fueron sus alumnos (Fernando Pérez), que lo han estudiado como escritor (Jorge Fornet), y que lo reconocen como un representante de la crítica de cine en su vertiente menos estricta, convertida ella misma en texto literario (Gabriela Rey y Antonio Enrique González Rojas).

Su relación con el cine, como fundador del ICAIC, como autor de un libro considerado paradigmático: Un oficio del siglo veinte (Ediciones R, 1963), hacen de Cabrera Infante, una de las figuras mejor vinculadas al ambiente cinematográfico cubano.

Arrufat recordó el ambiente cultural en que conoció a Cabrera Infante, las reuniones de trabajo del equipo de Lunes de Revolución, las tardes en los cines. Confiesa el autor de Los siete contra Tebas: “Nos hicimos a la fuerza habaneros y no hemos dejado de serlo”, recalcando que ambos llegaron a La Habana con sólo 12 años provenientes de Santiago de Cuba y Gibara.

Para Fornet, la intención de abordar este costado dentro de la obra de Cabrera Infante requiere separar, pues su faceta más conocida es la de escritor (Tres tristes tigres, La Habana para un infante difunto, Así en la paz como en la guerra). En ese costado “crítico” o como “cronista”, Un oficio… es un “libro espejo” o “libro valija”, pues lo relevante es la manera en que delinea una nueva historia narrativa desde el texto cinematográfico.

Fernando Pérez lo recuerda en un ciclo sobre cine que ofreció en el Hemiciclo del Museo de Bellas Artes en el año 1962. El creador de Suite Habana (2003) afirma que al abordar una figura como esta hay que tener en cuenta que: “Los enquistamientos y las circunstancias pasan, pero la buena literatura, el buen cine, siempre queda”.

Con el objetivo de continuar el quehacer de Cabrera Infante, Gabriela reconoció la trascendencia de sus crónicas por ser capaz de convertirse en un objeto autónomo, de traspasar su misión crítica o interpretativa, para erigirse como pequeñas historias derivadas del material fílmico.

Antonio Enrique también confirmó la perspectiva que sostenía Guillermo de que la labor crítica está sujeta a las asociaciones que un filme desata en la apreciación de un crítico.

Moderado por el crítico Juan Antonio García Borrero, el espacio contribuyó a trazar un mapa del quehacer intelectual de Cabrera Infante. En los últimos años, dos libros abordaron su figura: Sobre los pasos del cronista (Ediciones Unión, 2010) y Buscando a Caín (Ediciones ICAIC, 2012), ambos firmados por Carlos Velazco y Elizabeth Mirabal.

Todavía queda mucho por decir, un personaje como Cabrera Infante no se apresa en un diálogo de poco más de dos horas, pero cuánto aporta al proceso lógico de la Historia y la Cultura un espacio como este. Cuánta resonancia tienen estos criterios sobre una figura como Caín.