La directora de orquesta

Una mujer en el pentagrama del cine

Mar, 10/05/2021

No es común en la programación fílmica de nuestra televisión encontrar cine holandés (ya comentábamos hace poco el thriller Ferry), y tanto por eso como por su tema agradó toparnos recientemente con otro notable título: La directora de orquesta (2018).

La realizadora, productora y escritora holandesa Maria Peters (Mike dice adiós) hacía tiempo que quería realizar una cinta sobre su coterránea Antonia Brico, motivada por un documental sobre la vida de la directora de orquesta realizado en 1974 y que estuvo nominado a los Óscar, Antonia, a portrait of the woman, de Judy Collins y Jill Godmilow, non-fiction underground con entrevistas a la propia Brico que hizo resurgir brevemente la figura. De hecho, la cantante Judy Collins había sido alumna de Antonia y sentía admiración por ella.

El largometraje que pasó Multivisión cuenta, ahora desde la ficción, la historia real de la primera mujer directora de orquesta con reconocimiento y precursora en dirigir la Sinfónica de Berlín, además de crear la Orquesta de Mujeres de Nueva York en los años veinte y treinta del siglo pasado.

La tenacidad en encauzar esa vocación irrenunciable y no parar hasta lograrlo se ofrece en un viaje personal que la cineasta holandesa ha descrito como la “transformación de la autonegación al autorreconocimiento. De imposible a posible”.

La película muestra también los dramas personales de Antonia, esa joven de origen holandés que emigra con su familia a EE. UU., al descubrir que es adoptada y que el nombre que siempre había usado, Willy Wolters, no era el verdadero. Los traumas por la adopción, la dura escogencia entre pareja sentimental y carrera y, sobre todo, los enfrentamientos a los prejuicios y estereotipos en torno a la mujer, particularmente en su exclusivista área profesional, informan el filme.

El largometraje focaliza la inspiradora historia olvidada para que el nombre de Antonia Brico sea (re)conocido y ocupe su importante lugar en las batallas no solo feministas sino en general, humanas, para que el talento y la voluntad sean los únicos parámetros dentro de la realización profesional.

Ahora bien, sentados los méritos de homenaje y justeza reivindicativa, debemos reconocer que el texto cinematográfico no es perfecto: se aprecian saltos abruptos en el montaje, una “corrección” fílmica en la puesta que, divorciada de la audacia conceptual que trasunta la biopic, no arriesga siquiera un plano un tanto menos convencional, sin olvidar que Peters no logra distanciarse, por muy de Países Bajos que sean ella y su relato, del tufo hollywoodense en el enfoque, anclado en los clisés del periplo “oscuridad a fama” dentro de la estética Cenicienta.

No obstante, debe encomiarse la rigurosa dirección de arte que se luce en la reconstrucción de época, la fotografía escrutadora, matizada y, por supuesto, la música (con piezas que la directora realmente interpretó con sus orquestas), la cual se torna una verdadera protagonista, dada la importancia diegética que en un filme así detenta .

Y claro, los desempeños, comenzando por la convincente Christanne de Bruijn en el papel de la intrépida música, junto a sus compañeros Benjamin Wainwright, Seumas F. Sargent y, en especial, Scott Turner Schofield, actor trans que asume un personaje semejante en la obra.

Irregular y limitado, pero a la vez inspirador y sugerente, La directora de orquesta es un filme para no perderse.