Una década sin Florentino

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Antes de trasladarse definitivamente a Cienfuegos en 1933, fundó en Abreus, Génesis, un tabloide de ocho páginas que sólo tuvo seis ediciones.La vida intelectual de Florentino en la ciudad semeja un torrente que desborda el cauce de esta columna. Recién llegado publica en la imprenta de Bustamante el poemario Zigzag, cuyos gastos asume. Repetiría la experiencia en 1953 con Caracol. Desde su cargo de vicepresidente del Ateneo resalta como uno de los principales promotores culturales de Cienfuegos a partir de finales de los años 30.
 
En 1948 traspasó por primera vez los límites de la Isla. Por esa época ya había unido su vida a la de Elpidia y gozaba de una desahogada posición económica como hombre de confianza en la empresa de los Castaño. Viajó a Venezuela y se llegó hasta la frontera con Colombia. Colocó un pie en tierra de la antigua Nueva Granada, para decir que también la había visitado, matizaría luego en un acto de buen humor. La década de los '50 lo llevaría por varios países de Centroamérica, México, Estados Unidos y Canadá.

De 1960 a 1979 estuvo dedicado a estudiar la teoría literaria y a zambullirse en archivos y bibliotecas nacionales, de los que sacó 50 000 fichas sobre la historia de Cienfuegos.El viernes 16 de diciembre de 1966 la Academia Cubana de la Lengua, presidida entonces por el hispanista José María Chacón y Calvo, le concede un sillón como Académico Correspondiente en una ceremonia cuyas palabras de exultación fueron pronunciadas por el poeta Agustín Acosta.
 
Hasta la fecha semejante honor no ha vuelto a recaer en otro cienfueguero.Apenas iniciado el próximo año, el almanaque nos indicará llegado el Centenario de Florentino Morales. Estoy seguro que los cienfuegueros aspirantes a los parabienes morales enunciados en el prólogo de esta crónica no dejarán que la ocasión sea cubierta con el manto del olvido.  

 

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