La impronta de Luis Martínez Arística (Pascualito) en el panorama musical de Cienfuegos

Luis Martínez Arística, nació el 24 de febrero de 1950 en el barrio de San Lázaro. Su vivienda estaba ubicada en la Ave 72 No. 3708 entre 37 y 39, en la ciudad de Cienfuegos. Su familia, muy unida y de origen humilde, pertenecía a la clase baja dentro de la sociedad cubana en plena república neocolonial.

Fue un músico que se destacó por su calidad vocal e interpretativa. Totalmente autodidacta, no tuvo oportunidad de estudiar en conservatorios de música. Desde pequeño le apasionó la música, sobre todo la rumba, y espontáneamente, cantaba a muy corta edad. Su padre lo llevaba a la rumba del Chino Pantaleón. Este era un rumbero de más de 50 años, practicante de la religión yoruba. Vivía frente a El Morro y era una persona muy popular.

A diferencia de ahora, en los carnavales de Cienfuegos había numerosas comparsas. Cerca de su casa salían algunas de ellas, como Fantasías del Sury La Luna Cienfueguera. El Morro, bodega y bar con una pequeña explanada era lugar de reunión de los vecinos de la zona y su principal círculo social. Justo en este lugar ensayaba la comparsa Los Sultanes, de la que Luis no solo formó parte, sino que fue uno de sus fundadores con solo 15 años de edad.

Durante los años ’60 del siglo XX, en El Morro, los domingos se reunían rumberos de Trinidad, La Habana, Matanzas, Santa Clara y de toda la región de Cienfuegos; era una especie de peña natural y una de las más importantes en la provincia.

Su vinculación a la música comienza en la adolescencia, en diferentes combos (llamados así en esa época) de música, como forma de divertimento. Los trabajadores del puerto tocaban luego de salir de sus labores en espacios habituales de reunión (bares, bodegas, ciudadelas, etc.).

Lograron armar un combo en el que imitaban a Pello el Afrokán, que en aquella época era muy escuchado en los medios. Autonombrados Los Futuros, un conjunto de mozambique dirigido por Ramón Oquendo, empleaban tambores y cornetas. Participaron en carrozas de la flota, donde obtuvieron el segundo premio en una ocasión durante los carnavales, en los cuales paseaban por toda la bahía en una carroza del puerto pesquero. Otra agrupación fue Lamareson. Su director, Confesor Ramón Castro, alias El Confi, actualmente reside en la provincia de Camagüey. De ahí su primera experiencia con el público cienfueguero, como parte de grupos de aficionados.

ARTISTA AFICIONADO, VOCALISTA EN O´LOMYDÉ: APRENDIZAJE Y FORMACIÓN

O´lomydé (agua que va y viene) se fundó en el Panteón de Gil, un sitio ubicado en la otrora sociedad de recreo en la calle Hourruitiner del reparto de Pueblo Nuevo, en la ciudad de Cienfuegos, donde sus pobladores llevan la rumba en la sangre, como se dice en buen cubano. Ahí se encuentra un monumento a Dionisio Gil (dominicano que luchó por la independencia de Cuba) en el centro de un pequeño parque donde se reunían las personas residentes de la zona. Los fines de semana y casi todos los días entre semana, mientras había un tambor, se armaba la rumba.

Felipe Tartabull, alias Picutti, tuvo la idea de organizarse y armar un grupo de rumba. En ese mismo lugar, en un cabildo llamado Santa Bárbara, hablaron con Juanita, que en aquel entonces era la dueña, y le comentaron que querían formar un conjunto de rumba y necesitaban un local para ensayar, a lo que ella accedió sin reparos. Desde entonces ensayaban en ese cabildo, hoy sociedad Santa bárbara (casa de Maura).

Luis Martínez fue uno de los pioneros de esta agrupación de rumba integrada por: Felipe Tartabull, Picutti (director, canto y clave); Florencio Trujillo (cajita china); Evelio Martínez Padre (quinto); Luis Hernández Ruiz (tocaba dos tumbadoras al unísono);

Machetico (percusión); Luis Martínez, alias Pascualito (cantante); Jesús Machado, alias Chuchú (cantante-llenante); Ernesto Valdés, alias Timbirichi (bailador).

Integrantes no fundadores de O´lomydé:

Guido Barriguilla (cantante); Alberto Quesada Rosell (bailador-percusionista eventual); Osvaldo Abreu (cantante y compositor); José de los Reyes Martínez (bailador-quinto; se alternaba); Confesor Ramón Castro, alias El Confi.

Su primera presentación fue en el Teatro Tomás Terry. Armando Hart, ministro de Cultura en aquel entonces, los felicitó personalmente luego depresenciar una de sus actuaciones, como también lo hizo Pedro de la Hoz, periodista que acompañaba la delegación. En el grupo O´lomydé, Luis interpretó todas las variantes de la rumba: guaguancó, yambú y columbia. Participó en varios eventos importantes de la época; quizás el más recordado de todos fue en Cuba Baila. Se sumaron otros eventos como “C.T.C en televisión”, todos ellos entre las experiencias más recordadas por él en ese periodo de su vida artística.

En el año ’77 transmitieron un programa televisivo donde participaba cada 15 días un conjunto de una provincia determinada y convocaron a O´lomydé, de la recién fundada provincia de Cienfuegos. En esa ocasión tocaron sobre la cama de un camión Kamaz, desde donde se transmitió el programa. Se presentaron en hoteles de la ciudad, como Pasacaballos, Jagua y Rancho Luna. Varias veces lo hicieron para la brigada internacional Antonio Maceo. Asimismo, estuvieron habitualmente en varios carnavales en diferentes municipios. Intercambiaron en una ocasión con el Conjunto Folclórico de Camagüey y Los Papines. También actuaron para grupos de albergados de la zafras en esa década. Para delegaciones nacionales, tocaban varias veces en el Paseo del Prado y en el Teatro TomásTerry. A pesar de ganarse el respeto del pueblo por su excelente trabajo, no ganaban por ello, pues era una agrupación de aficionados al arte.

Luis tenía una excelente calidad interpretativa. Cantaba Longina a modo de descarga entre sus amigos. En la columbia el cantante tiene carácter responsorial, esta era una de sus características; siempre fue líder para cantar y lo hacía de un modo muy tradicional al estilo de los grandes rumberos cubanos de antaño. El yambú y la columbia se le daban mejor que el guaguancó, ya que por su tono tan melódico y pausado, se adecuaba mejor a estos estilos. Al tener estribillos más largos podía desarrollar mejor su voz en el yambú. También participaban en las liturgias religiosas (bembé) realizadas en el cabildo.

En La Habana lo escuchó cantar Portillo Scull y le propuso que se quedara para trabajar en la capital como vocalista, alegando que en el interior del país no iba a tener la oportunidad de crecer como lo podía hacer en la capital cubana. La corta edad e inexperiencia de Luis le impidieron quedarse y regresó a Cienfuegos.

En O´lomydé componía generalmente Picutti. Temas tan pegajosos como El ChinitoAlala eh lala o El galleteo eran cantados por sus más fieles seguidores, que se reunían en todas sus presentaciones. Las letras trataban las cotidianidades, amores, desamores. Al mismo tiempo cantaban canciones clásicas de rumba de la zona de Matanzas, de Chano Pozo, y hasta una que le compusieron a la esposa del Chino Pantaleón. Común era escuchar composiciones que trataban temas relacionados con la vida cotidiana.

Estando con O´lomydé y bajo la dirección de Tartabull, llegó un día Raúl Bayolo con Alberto Soria. Este último elogió su interpretación, Bayolo lo grabó y comenzó entonces un trabajo de conjunto entre O´lomydé y el grupo de teatro Arquímedes Pous. Ensayaban en el Ateneo del teatro Tomás Terry, y bajo la dirección de Raúl Bayolo participó en las obras de teatro Mefistófeles y Pobre Papá Montero. La obra Mefistófeles se presentó durante  21 días en el teatro Martí de La Habana, con lleno total. Destacadas personalidades de la cultura de esa época fueron a disfrutar de la puesta en escena. Entre ellos se encontraban Carlos Moctezuma, Alicia Rico, Tata Güines, quienes repetían la visita al teatro para ver la puesta por su calidad y creatividad.

Según contaba, trabajaban en exceso, pero se sentían muy satisfechos al ver disfrutar al público. Asimismo, les satisfizo la asistencia de artistas reconocidos antes mencionados. Fue una agrupación bien reconocida en la provincia y el país.

“Me hicieron varias audiciones y logré hacerme profesional, entonces comencé en el año 1982 con el Conjunto Música Habana, donde participé de sus actuaciones sistemáticas y trabajamos en varios municipios de la provincia y el país”, comentó Luis Martínez.

MÚSICA HABANA, ESCUELA Y TRABAJO COMO PROFESIONAL

Luis Martínez llega en 1982 al Conjunto Música Habana, bajo la dirección de Humberto Cuervo. Allí tuvo la oportunidad de trabajar junto a los músicos:

Luis Ramos, “Guachacho”, cantante; Bartolomé Abreu, “Pelencho”, trompeta; Justo Ferrer, trombón y director; Leonardo Sánchez, voz; Gilberto Risquet, bongoes; Humberto Cuervo, trompeta; Armando Mederos, voz; Papo Jorrín, tumbador; Luis Martínez, voz; Faustino, trompeta.

Esta agrupación era cultora del son, el bolero, la guaracha, el chachachá (géneros de la música popular tradicional cubana), y dada la versatilidad de su voz, fue cantante de esta agrupación. En Música Habana, interpretaba sobre todo boleros. Hacían temas de autores como Óscar de León. Las composiciones eran encargadas a algún compositor, principalmente a Justo Ferrer. Este mantenía amistad con uno de los hermanos de Benny Moré, quien reconocía sus cualidades como instrumentista. En los primeros años de integrado al Conjunto Música Habana y en una de las ediciones del Festival Internacional Benny Moré, en Lajas, se les acercó Virginia Moré, madre del Sonero Mayor, para pedirle a Luis que interpretara ¿Cómo fue?,  una de las canciones más emblemáticas de su hijo, a lo que este respondió exaltado: “Disculpe, doña, ¿qué le puedo cantar yo a usted…? ¡si su hijo fue la máxima expresión de la música cubana!”, contestó el aludido.

A esto ella respondió: “Ay, hijo, es que tú cantas muy bonito”. Finalmente, interpretó la canción a petición de la madre del Benny, mientras ella lloraba emocionada durante su interpretación, y cuando le agradecía una vez terminado su número.

Luis Martínez fue un gran admirador de la obra de Benny Moré; era fácil notar una clara influencia en su estilo y voz. Con doce años su madre lo llevó a una actuación de Leo Castañeda donde hoy se encuentra el conocido centro recreativo Tropisur. Para su sorpresa, en esa actuación intervino Benny Moré. Su pasión entonces por la música hizo presencia, dejándolo fascinado con la actuación de Benny, su forma de cantar y dirigir la orquesta.

“Fue impresionante como lanzó su sombrero desde arriba de una grúa y la música paró exactamente cuando el sombrero cayó al piso”, contaba de aquella inolvidable experiencia, cuando cerraba la canción Cuando a Cienfuegos llegué. (Luis Martínez, 2017).

Luis estuvo en una escuela elemental, con frecuencia de dos veces a la semana. Recibió clases en la escuela Rafael Espinosa, en horarios de la tarde y noche. Esto era requisito para obtener un aval como vocalista profesional.

LA CHARANGA LOYOLA. UN PERÍODO DE RECESO

En el año 1988, culminó su tránsito por el Conjunto Música Habana, no sin antes dejar marcada su impronta como uno de los mejores cantantes del momento, reconocido por artistas de la talla de Generoso Jiménez, a quién admiraba mucho personalmente. Luego pasó a militar las filas de la Orquesta Loyola, donde estuvo por un período de dos años; allí cantaba mayormente boleros, dada su increíble condición para interpretar este género musical. Esta era una típica orquesta danzonera, que por aquella época, usaba mucho una larga introducción instrumental y luego se le agregaba la voz. De esto no estuvo exento Loyola, y a pesar de que no permitía a Luis regalar a plenitud su calidad vocal, este resaltaba de igual forma. Interpretaron muchos números de Felito Molina, pero entre los más gustados, sin dudas, estaba Salsita y cariño.

Actuaban en carnavales u otras actividades festivas en diversas provincias e hicieron varias giras nacionales. En esta orquesta compartió sus filas con músicos como: Efraín Loyola, flauta; Carlos Lavín, violín; Reinaldo Herrera, voz; Efraín Borroto, voz; Teodoro Terry, tumbadoras; Luis Martínez, voz; Pastorita, violín.

Luego de la Orquesta Loyola, estuvo un período remarcando la tranquila vida que llevaba y lo hizo fuera de la música, incorporado a una microbrigada, trabajando y construyendo su casa. Dedicado ya al bienestar de sus hijos, se entregó por completo a su familia.

VIVIR PARA CANTAR EN LOS NARANJOS. LA VOZ DEL SON

La primera prueba de Luis Martínez con Los Naranjos fue en un ensayo frente al Club Benny Moré; allí quedaron todos impresionados, pues interpretó nueve canciones seguidas sin un ensayo previo. Luis no cuidaba su instrumento de trabajo, tenía mucha tos, bebía y fumaba con regularidad. Aun así, después de tanto tiempo fuera del panorama musical, fue directo de trabajar en su casa y en la construcción, a cantar donde habían pasado tantas personas y lo hizo como nadie lo había hecho antes. Así fue de inmediato reclutado por el conjunto de sones Los Naranjos.

A solo 20 días de su inserción en la agrupación, se iban de gira para Canadá y cuando se le informó de la posibilidad de viajar con el grupo ni siquiera lo tomó a pecho, por su desmedida humildad. Finalmente, fue autorizado a ir de gira con la agrupación, encajando perfectamente en ella, al punto tal de volverse insustituible.

Luis tenía la capacidad de aprenderse una canción en muy breve tiempo. Poseía algo que no puede hacer todo cantante, y es inspirar. Las canciones se inspiran en octosílabas que se utilizan para designar en poesía a los versos que constan de ocho sílabas métricas y deben comenzar y terminar con la misma letra; es algo que se estudia y Luis lo hacía de forma natural. Dominaba los registros agudo, medio y también improvisaba, que era precisamente otro de sus dones como cantante y tan importante en el son.

Los mejores soneros generalmente provienen de la rumba y Luis era uno de ellos; esto le facilitó hacer de manera excepcional su trabajo en Los Naranjos por su cualidad de excelente vocalista, líder e improvisador. En los estudios grababa solo una vez, no había necesidad de parar, corregir y volver a grabar; una vez bastaba, pues lo hacía perfecto.

Tuvo la oportunidad de conocer a Frank Fernández, quien luego de uno de sus conciertos en la ciudad fue a disfrutar de una de las peñas habituales de Los Naranjos. Terminada la presentación de la agrupación sonera, se reunieron en una descarga ocasional donde Luis interpretó varias canciones. No faltaron los halagos a tan peculiar voz y al conjunto en general por parte de tan importante personalidad de la música cubana. También con Compay Segundo tuvieron la oportunidad de intercambiar y el maestro incluso les cantó 42 canciones luego de una de sus presentaciones en un encuentro informal tras bambalinas.

Luis Martínez realizó una memorable labor en el conjunto de sones Los Naranjos, pues podía interpretar cualquier estilo de la música cubana e improvisar. Esto lo hacía un músico muy completo; poseía, además, una memoria envidiable. Con esta agrupación participó en programas de la radio y la televisión nacionales e internacionales y en actividades didácticas y pedagógicas para niños, jóvenes, adultos y personas de la tercera edad. Compartió en peñas sistemáticasen los Jardines de la Uneac, de Cienfuegos, el Salón Minerva, La Pérgola del Mincult en La Habana; en diversos actos políticos-culturales, galas, conciertos en el teatro Tomás Terry de Cienfuegos, actividades políticas como la gala por la cumbre de Petrocaribe. Otras actuaciones se realizaron en el Salón Rosado de La Tropical, El Diablo Tun Tun y el teatro América, de la Habana. Además, participó en grabaciones de CD y documentales a la agrupación Los Naranjos, entre ellos el realizado en homenaje a los 80 años de fundado el conjunto. Se ha medido y compartido escenarios con artistas de la talla de Frank Fernández, Compay Segundo, Generoso Jiménez, la Orquesta Aragón, Pancho Amat, Adalberto Álvarez, entre muchos otros.

Obtuvo varios premios por su labor musical tales como: El Mambí Sureño, el Premio Jagua, el Camarón de Cristal y la Roseta de la Ciudad.

Luis Martínez Arística contaba con todo lo necesario para estar a la altura de los mayores músicos de Cuba y del mundo en los géneros que interpretó.

UNA TESITURA INIGUALABLE HASTA EL FINAL

En música, el término tesitura hace referencia a la zona de la extensión de sonidos de frecuencia determinada que es capaz de emitir la voz humana o un instrumento musical. Se suele indicar señalando el intervalo de notas comprendido entre la nota más grave y la más aguda que un determinado instrumento o voz es capaz de emitir. También referirse específicamente a la voz de un cantante en la que se produce la mejor calidad sonora y un timbre más adecuado. Frecuentemente, la voz humana se distingue entre la tesitura y la extensión vocal. La extensión vocal, es decir, la extensión sonora de la voz, es el marco de frecuencias realizables, sin considerar volumen y calidad del sonido.

“Luis tenía una voz muy potente… Tenía una voz muy melódica… Su voz se adaptaba más a la música popular tradicional… El yambú y la columbia le quedaban mejor que el guaguancó, ya que por su tono tan melódico y pausado se adecuaba mejor a estos estilos. Al tener estribillos más largos podía desarrollar mejor su voz en el yambú”. (Machado, 2018).

“Luis, sin saberlo, siempre fue una personalidad en Cienfuegos, con una voz muy singular, (…) la voz de Luis no va a regresar nunca más. La tenemos en el corazón, en nuestros discos, pero era una voz sin igual (…) Fue una de las personalidades más grandes (para no ser absoluto) que ha pasado por Los Naranjos (… ) no se podrá hablar en Cienfuegos de la historia de la música sin mencionar a Luis”. (Giraldo Pérez Calderón, 2018).

“Luis Martínez poseía una voz muy bella, una de las mejores voces que ha dado este país, se va a recordar por muchos años”. (Lázaro García, 2018, trovador cienfueguero).

“Era un hombre muy sencillo, trabajador, disciplinado, educado, siempre muy correcto. Voz exquisita; la voz que verdaderamente te hace disfrutar ese género musical, la voz del son”. (Nelson Ramírez, 2018. Intérprete e instrumentista cienfueguero).

Luis Martínez Arística fue uno de los grandes vocalistas cienfuegueros. Su interpretación de la música popular tradicional es digna de escuchar en cualquiera de los géneros que cultivó. Su registro vocal y tesitura fueron un privilegio que marcó cada una de las agrupaciones donde trabajó.
Escrito por: María de los Ángeles Beovides, profesora de la Universidad de Cienfuegos

 

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