Uneac 60: eslabones encontrados (+ Video)

Unas palabras levantan chispas, otras atizan el pensamiento. Se entiende el diálogo desde la horizontalidad y el contrapunto y la convocatoria como espacio para la renovación y la refundación, nunca como acto conclusivo. Ese fue el saldo del ciclo inicial de Diálogos 60, convocados por la Uneac en la antesala de la conmemoración del sexagésimo aniversario de la organización.

Cada una de las cinco asociaciones hubiera querido mucho más nutridas las sesiones de trabajo, pero debieron observarse las reglas del distanciamiento físico impuestas por la pandemia del coronavirus. El desafío pasa, en lo adelante, por multiplicar estos foros en la sede nacional y en las provinciales, sumar poco a poco, sin exclusiones, con paso firme, todas las voces posibles, escuchar a todos los que tengan algo que aportar.

Para una organización que hace 60 años partió del diálogo para construir la unidad desde la diversidad, debatir es un ejercicio permanente, solo que esta vez contexto y circunstancias incidieron necesariamente en la calidad de la agenda, el tono de los pronunciamientos y el alcance de las expectativas, no para formular soluciones emergentes, sino para anudar eslabones de mucha más honda perspectiva.

Si la Asociación de Escritores puso el acento en la revelación de la sensibilidad revolucionaria, la argumentación responsable, las vías para renovar consensos, la superación de retóricas vencidas y la responsabilidad intelectual ante el escenario complejo que vive la nación –a la implacable guerra económica, financiera y mediática de Estados Unidos y sus cofrades, y la prolongada pandemia, se añaden insuficiencias propias e insatisfacciones domésticas–, la de Músicos avanzó en los modos de concretar acciones participativas, tanto en el ámbito comunitario como en las plataformas digitales a la altura del prestigio y la influencia social de una manifestación artística de raigal calado.

En ello tendrán que desempeñar su probado liderazgo los que integran las vanguardias musicales, puesto que son muchísimos los verdaderamente comprometidos, los que no se dejan tentar por los cantos de sirena de ciertos segmentos del mercado, los que apuestan por dar un vuelco decisivo al funcionamiento institucional dentro del sector, los que se identifican con los sentimientos populares.

«Este debe ser un espacio movilizador y de unidad, no en un sentido formal, ni con pretensiones de unanimidad, sino en la diversidad de ideas y acciones que tributen a la colectividad», recalcó Luis Morlote, presidente de la Uneac, al intervenir en el debate.

Para los cineastas y realizadores de la radio y la televisión, la ruta crítica transita por transformar revolucionariamente los medios, dominar la trama de las redes sociales y los espacios digitales, afrontar creativamente la guerra de símbolos culturales en la que tendremos que vencer, y dotar intelectual y emocionalmente de verdadero sentido emancipador, conceptos como Revolución, bloqueo, soberanía, ideología y participación. Para esto, enfatizó la realizadora Magda González Grau, se requieren cambios sustanciales en la comunicación pública, que trasciendan el esquematismo, el maniqueísmo y la chatura; producir con altura artística nuestras propias imágenes de los acontecimientos y reflejar, desde la autenticidad, a los diversos actores de los procesos sociales de base, de acuerdo con sus colegas Marilyn Solaya y Bruno Suárez.

Para pasar del diagnóstico a la acción, el escultor José Villa Soberón propuso, en el encuentro de la Asociación de Artistas de la Plástica, propiciar en la Uneac un espacio de confrontación creativa intergeneracional de carácter abierto, crítico y constructivo. En el orden de los planteamientos concretos consideraron pertinente incorporar el talento y las elevadas competencias profesionales de los arquitectos a las intervenciones sociales comunitarias, y evaluar el impacto de la actual producción teórica y la crítica en la configuración de matrices de opinión y percepción de las expresiones artísticas contemporáneas y el posicionamiento de los creadores ante la sociedad.

Entre los artistas escénicos también prevaleció la tónica de interrogar la realidad, ahondar en la explicación de situaciones que afectan la creación y la conexión con los jóvenes y destrabar las barreras que impiden un mayor estímulo y aprovechamiento del talento. En cuanto a esto último, fue alentador constatar los pasos que desde el Consejo Nacional de las Artes Escénicas se dan para reorganizar el sistema institucional.

Área sumamente crítica, en la que habrá que repensar la casi totalidad de sus artistas, es la que tiene que ver con la formación artística. Más que lamentaciones sobre lo que se ha dejado de hacer, y lo que pudo ser y no fue, los planteamientos se encaminaron a reencontrar la fecundidad de los vasos comunicantes con las generaciones emergentes de actores, bailarines, coreógrafos, dramaturgos, diseñadores escénicos, críticos e investigadores.

Miguel Iglesias, director de Danza Contemporánea de Cuba, habló desde su experiencia acerca de la transmisión de valores a los jóvenes, proceso en el que no puede haber imposición, ni impostación; contradicciones pero no antagonismos. El ejemplo y el compromiso del educador constituyen piedras angulares en la docencia, opinó Corina Mestre.

Se trata, en todo caso, de una ruta de doble vía, pues como puntualizó el actor Jorge Enrique Caballero, su generación y la que le sucede deben también hallar referentes y fundar nuevos paradigmas, sin concesiones que menoscaben la soberanía ni el sentido de pertenencia a una cultura y a un proyecto de afirmación identitaria. «La Uneac –precisó– tiene que ser cada vez más el lugar donde queremos vernos y estar para defender la cultura».   


(Tomado de Granma)

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